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El otro muro

Sala 10
El muro es milenario, es fortaleza primigenia, en él se adhieren las historias con perseverancia, por él pasa el tiempo, el clima lo desgasta, señala el espacio, es inicio y final. Sobre un muro podemos descansar, sobre un muro pedimos perdón, soporta nuestras huellas, recibe inscripciones, es una piel pétrea en la que se graba nuestra presencia. La obra de Amador Montes investiga un Muro mutable como soporte de su pintura y nuestra contemplación, un Muro que con lienzos reproduce la textura de esa construcción eterna, que está ahí para contenernos. 
 
Avelina Lésper
 
LA CICATRIZ Y EL TRAZO. 
 
Amador Montes esgrafía el Muro, lo hiere, dibuja sobre la superficie con un arma, lo lastima con sus líneas, rompe las capas de pintura para dejar su propia voz, que no se escucha, se ve. Este Muro es un lienzo, es una ficción y lo llama por su nombre para que el lienzo se identifique con lo que es, escribe EL MURO, lo repite, le dice: eres eso y no otra cosa, eres el tema y la forma, el soporte y la idea. Amador dibuja sobre ese Muro y lo que hace es una confesión, se desahoga sobre él, lo obliga a que cargue con sus sueños, sus dolores, sus ganas de pintar. El Muro soportó a Amador, le permitió usarlo, desgastarlo, desechar fragmentos, con furia y con delicadeza. Sobre un muro se cuelga un cuadro y Amador mete el Muro dentro del cuadro. El Muro es paciente y Amador lo martiriza para después acariciarlo con colores, con caligrafía, recuerdos, dibujos de enseres cotidianos y de pájaros, para decirle que lo ha elegido como depositario de su pintura, de lo único que él tiene para satisfacer su necesidad de manifestarse con colores, pigmentos y dibujos. Amador es su pintura y el Muro es ese libro expuesto de su vida creadora, de su propia historia.  
 
LA LIBERTAD Y LA IMAGINACIÓN.  
 
El muro de Berlín fue erigido para delimitar sistemas políticos y dividir una nación, romper con familias y estigmatizar al que estaba del otro lado. Esto inició el misterio, el otro lado fue un producto de la imaginación, detonó historias y mitos; entonces el muro creció como un personaje que tenía su propia existencia, que cambiaba con la sociedad, su presencia era una promesa de que algo podía pasar. Fue soporte de grafitis, pinturas, carteles, sus grietas y orificios eran puertas, salvoconductos de mensajes, el muro fue depositario de la rebeldía, cómplice de la voz que el poder no escuchaba. El Muro de Amador Montes soporta este ejercicio de imaginación y la libertad, de historias que habitan en su memoria, que él reinventa y vuelve a transformar. Sobre su Muro flotan peces, se posan las garzas, se escriben cartas de amor, se recuerdan aromas, se llora y la pintura se escurre como un lamento largo y silencioso. El muro de Berlín fue derribado por la libertad incontenible, sus fragmentos mantuvieron el relato y se convirtieron en la arqueología de un cambio, esa libertad del fragmento que muta la retoma Amador en su Muro de lienzos movibles, que le dan a su obra una narración impredecible, que exige que la imaginación recorra las posibilidades de la forma. Podemos derribar y reconstruir como una historia colectiva el Muro de Amador, y cada fragmento será, como en el muro de Berlín, parte de un todo que se narra de una leyenda interminable.

Acerca de Amador Montes

(Oaxaca, 1975) Cursó la licenciatura en diseño gráfico y desde el primer año de su carrera universitaria se inclinó por la pintura como medio de expresión primordial, complementando su formación con talleres de dibujo, grabado y fotografía.

Su obra ha sido expuesta en importantes galerías y museos de nuestro país y el extranjero: Galería Casa Lamm, Galería Drexel, Museo Casa del Risco, Galería Oscar Román, Museo de Arte del Arzobispado, en México. Las Universidades de Exeter, Birmingham y Manchester, The London School of Economics and Political Science (LSE), The Future Gallery, y el Pierhead Building de Gales, en Reino Unido. En el Excmo. Ateneo de Sevilla, el Museo FORMA en San Salvador, Bismarck Studios en San Antonio, Texas, y la Galería PICI y el Museo de Arte Hangaram en Corea del Sur.

-Amador Montes