El color y los cuerpos en la obra de Fernando Castro Pacheco

El color y los cuerpos en la obra de Fernando Castro Pacheco

Tiene presencia permanente en la sala 8 del Macay

Hablar de la producción de artes plásticas en Yucatán es pensar en Fernando Castro Pacheco. Uno de los pintores que cuenta con un lugar en la historia de esta disciplina. Fallecido en el año 2013, dejó un gran legado que varía entre escultura, grabado, pintura, dibujo y, por supuesto, mural, dejando obras que combinan la tierra yucateca con una mirada poética a través del pincel.

La exposición permanente, albergada en la sala 8 del Museo Fernando García Ponce-Macay, revela las tradiciones y costumbres del Hanal Pixán con cada particularidad de la ofrenda que pronuncia respeto a la muerte, retratado a detalle como quien pusiera una. El aura con tonalidades de cempasúchil ilumina el ritual y, de igual forma, a quien espera la llegada de los que ya no están. Como un recuerdo de infancia, el juego claroscuro que utiliza el artista enmarca la vida y la muerte en cada línea, lo permanente y lo etéreo.

Otra de las obras que cuenta con las mismas tonalidades y que remite a la escuela realista mexicana, por dejar a un lado las revoluciones y abordar lo social desde otra perspectiva, se hace presente en el “Caminante del Mayab”. La representación de los pies en movimiento que proyectan el camino, la ruta del sacbé que acompaña a quien transita. Obra que expone la relación de un ser con la naturaleza de manera sublime sin importar su anonimato.

El cuerpo, como uno de los temas de la exposición, deja al descubierto las dimensiones, los retratos de las mujeres que en el quehacer cotidiano experimentan la sensibilidad del tacto, así como la profundidad de un rostro que el tiempo define.

“La torteadora” es una de las pinturas en donde se privilegia la figura de la mujer a través de los colores. El amarillo ubica la mirada del espectador en las manos, en la acción; el azul, se apodera del rostro inexpresivo, que indica un pasado. Los brazos y las piernas, el comal y la palangana conforman el cuadro que combina los colores, la mujer y la elaboración como algo más allá de la cocina, algo que trasciende entre la sensibilidad y la creación.

Asimismo, vemos otra faceta de Fernando Castro Pacheco en la colección temporal “Prosa de luz”, con obras en las que predomina el dibujo, donde se plasma, sin duda, la intimidad de los trazos que se convierten en cuerpos que se tocan, hombres y mujeres que se desnudan, y que más allá del movimiento erótico que proyectan en la versatilidad de la hamaca, el color y las líneas sumergen al espectador en una calidez de tonalidades ocres, verdes, oscuras, que recuerdan a la selva seca y húmeda de la Península. Aunque las representaciones de los cuerpos aluden al acto sexual, el artista esconde algunos rostros, partes del cuerpo en el que el color se hace más denso y por otro lado ilumina el núcleo de la escena donde las pieles se encuentran y se hacen una, y por supuesto donde no cabe la vestimenta.

Cabe destacar que el artista plástico también fue uno de los pintores que incursionó en la ilustración. Por lo que sus obras estuvieron en libros de escritores como Antonio Mediz Bolio y Antonio Rodríguez. De igual manera, fue uno de los integrantes de la revista “Yucatán” donde publicó sus caricaturas que defendían la identidad yucateca.

La aportación de Fernando Castro Pacheco a las artes es considerable, no solo por sus diferentes producciones sino por el eje que atraviesa su obra, Yucatán. La visualización de la identidad yucateca a partir de detalles tan cotidianos como complejos dejan la sensación de familiaridad, de calidez.— Gabriela Trinidad Baños para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán