El libro y la búsqueda incesante del conocimiento y de la otredad

El libro y la búsqueda incesante del conocimiento y de la otredad

El libro reúne el lenguaje, palabras que danzan alrededor de una idea y que arden al contacto con el lector. Elementos que aguardan en cada página a la espera de quien revele la memoria de otros tiempos y descubra lo que se oculta en cada palabra.

Sin duda, el libro es un encuentro con el otro. Es por eso que el Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor celebra el fomento a la creación y a la literatura, también mantiene el acercamiento, la comunicación entre quienes día a día se enfrentan a ideas nuevas, al extrañamiento que provoca la distancia de las épocas o simplemente el saberse distinto al otro.

Si algo tiene el libro es que, más allá de centrarse en una idea, ofrece una memoria que permite al lector el disfrute de una lectura que se renueva cada vez que se le consulta. Esta gran plataforma que a lo largo de la Historia ha plasmado el pensamiento de muchas generaciones ha ayudado a que cada una de las perspectivas que nacen combustionen para consolidar una obra.

El encuentro que nos proporciona el libro descubre la imagen del autor como creador de un discurso, muestra lo que se oculta entre cada palabra, los silencios que ofrecen más de lo que ya se ha dicho. El autor nos acompaña en el viaje que se construye a través del lenguaje.

La inmersión al libro nos puede llevar por caminos inadvertidos, por lo que la experiencia no solo se origina por el remitente, también por aquellos elementos que intervienen de manera mecánica, siendo éstos los que guardan el misterio de quien acompaña a las grandes ideas.

Sin embargo, el libro no solo nos acerca a quien se encuentra del otro lado, sino que abre un diálogo, una confrontación de ideas que cuestionan o reafirman las certezas que guían al ser humano. La necesidad de buscar y encontrar, de emprender un camino que en ocasiones no solo se encuentra paso a paso sino página a página, nos lleva a la búsqueda incesante de la comprensión, del conocimiento, de encontrar un viaje más a lo desconocido.

Asimismo, el libro nos proporciona un espacio en el que encontramos y convivimos con ciertos elementos, también nos indica el camino, la trayectoria de las páginas y de los años que pasan.

En ocasiones, cuando el final de las páginas está cerca la incertidumbre del viaje que emprendimos nos envuelve, nos cuestiona y nos lleva a la necesidad de vernos en el otro como a nosotros mismos.

En otros momentos nos encontramos con libros que solo funcionan como una envoltura, como guías que llevan al ser a la escritura, a la creación de sus propios viajes y a la búsqueda de incertidumbres que hacen de la expedición entre las páginas una vida más placentera. Aquel libro culmina cuando el escritor coloca el punto final de una buena historia.— Gabriela Trinidad Baños para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán