Una mirada infraordinaria

Una mirada infraordinaria

Andrea Boettiger, en la sala ESAY del Museo Macay

Un cabello, un chicle y un borrador son algunas de las más de 40 piezas que conforman la instalación “Aproximaciones. Mérida desde la mirada infraordinaria” de Andrea Boettiger, que desde el jueves 3 se exhibe en la sala ESAY del Museo “Fernando García Ponce” Macay.

En la muestra, que estará en exposición hasta julio, Andrea trata de mostrar la mirada infraordinaria como una forma de aproximarse a la ciudad.

La mirada infraordinaria, explica, surge a partir de un planteamiento hecho por Georges Perec en el texto “Aproximaciones a qué”.

“En realidad él nunca da un concepto de lo infraordinario. Y una de las cosas que destaca es que no le interesa el concepto para después empezar a producir con él o para proponer algo”.

Sin embargo, admite Andrea, ignora a Perec en el sentido de que no le interesa producir. “Lo puedo aplicar para producir algo con esta idea”, dice la joven, quien también ligó su proyecto con otras ideas semióticas como “Signos degenerados”, de Charles S. Pierce. “Voy ligando estos signos que de pronto dejan de significar o cuestionarnos”.

Andrea cuenta que desde hace algún tiempo se dió cuenta que había elementos en ciertos espacios de la ciudad o particulares que pasan desapercibidos: un sonido, elementos de una pared, objetos… “Estaba comenzando a preguntarme cómo es que estas cosas nos hablan de sus propios espacios, de nosotros mismos o del entorno, pero que jamás vemos”.

Admite que no sabía que Perec ya había hecho tales cuestionamientos. “Me empiezo a aproximar a su literatura y a encontrar un sentido. Ya después me empiezo a meter un poco más a la idea de la semiótica, y me alejo de estos modos de producción artística que trataba de justificar con una producción que tuviera que ser validada; empiezo a decir si la cosa o producción artística tiene que estar el objeto o en esta cosa que se genera por qué no darle la vuelta y producir lo que ya existe”.

La instalación incluye piedras, madera, pequeños pedazos de cristal, tuercas, cosas bastante cotidianas que recolectó en el norte, sur, oriente y poniente de la ciudad, zonas que representa en las paredes de la sala. Está consciente que a muchos no les va a gustar la obra y la van a criticar. “Lo importante es abrir estos espacios de debate”.

Fuentes: Contra Punto, Diario de Yucatán, Gobierno del Estado de Yucatán, La Jornada Maya, Punto Medio, Soma