Conversatorio en el Macay será de Gabriel Ramírez

Conversatorio en el Macay será de Gabriel Ramírez

Pinta por el placer de hacerlo

Si algo se debe resaltar de Gabriel Ramírez Aznar es que es un pintor autodidacta, lo cual ha hecho posible que su obra plástica no se restrinja a las reglas que se transmiten en la formación académica y que siga pintando tal como a él le gusta, a la manera de un juego, como un niño, por el simple placer de hacer algo que le gusta.

Así lo indica Luis Alfonso Ramírez Carrillo, doctor en Sociología e investigador de la Unidad de Ciencias Sociales del CIR “Hideyo Noguchi” de la Uady, quien será uno de los participantes en el conversatorio que sobre el artista se llevará al cabo como parte del programa “Legado y permanencia de tres pintores yucatecos”.

Dicho programa comenzó en enero pasado con el conversatorio sobre Fernando Castro Pacheco. Ahora toca el turno de Gabriel Ramírez y más adelante se abordará a Fernando García Ponce.

La actividad se realizará el próximo viernes 15, a las 11 a.m., en el Centro Virtual de Documentación e Información (Cevidi) del Museo Fernando García Ponce-Macay; la entrada será libre. Como ponentes también estarán la escritora Ana García Bergua y el periodista y gestor cultural Christian Núñez.

Luis Ramírez adelanta que su intervención versará sobre el contexto de la carrera y la vocación de pintor de Gabriel Ramírez y el lenguaje visual que fue desarrollando a partir del entorno en el cual creció.

Gabriel Ramírez es, junto con Castro Pacheco y García Ponce, uno de los artistas plásticos más representativos de Yucatán, que se sumaron al lenguaje universal de la pintura y fueron parte de las vanguardias mexicanas, cada uno en su respectivo momento.

Ninguno de los tres dejó a un lado la impronta familiar, íntimamente ligada a Mérida y el Estado, ni abandonó las características que identifican a la cultura yucateca.

Su “universo”

Gabriel Ramírez nació en una céntrica casa de la calle 66 con 55, un edificio de unos 80 metros de fondo y 20 metros de frente. Ahí, el pintor navegaba entre libros, árboles, sol y calor y desarrolló “esta sensación de pertenecer a un mundo cerrado que era en alguna forma autocontenido en sí mismo”.

Esto, asegura Luis Ramírez, fue para el artista un estilo de vida en el cual las pequeñas cosas eran importantes, en la que la vida cotidiana le daba placer.

Durante su infancia y adolescencia lo sensorial fue central en la existencia del pintor. Al ser el séptimo de ocho hermanos y con varias hermanas a su alrededor, Gabriel Ramírez también adquirió un “ojo femenino para los detalles y para la ironía, lo desarrolla con mucha claridad”, dice el investigador.

“Tiene la capacidad de una mirada incisiva y humorística en los detalles”.

La familia también influye en su personalidad: no se creía en jerarquías ni políticos. La ironía dejó huella en su carácter y pintura.

El ponente resalta que Gabriel Ramírez siempre ha sido autodidacta y su acercamiento a la pintura fue lúdica, pintaba y pinta por placer, “no había una pintura de carácter intelectual, de estética, ni de sentido último de la pintura, ni una intención de enviar un mensaje”. Y eso sigue marcando el trabajo del artista hasta la última exposición.— Iris Ceballos Alvarado

Fuentes: Diario de Yucatán, Punto Medio