“Metafactos”, un área de diversión

“Metafactos”, un área de diversión

El juego tiene un objetivo final: divertir.

¿Hace cuánto no te detienes un instante en esta agitada vida y permites que la curiosidad emerja para explorar nuevos mundos?

Es probable que tu respuesta esté ligada al pensamiento de que las “personas adultas” no tienen esta oportunidad, pues sus mentes deben estar en constante repaso de pendientes del trabajo o el hogar, y en la búsqueda de soluciones de problemas que nunca acabarán. Por supuesto, la mayoría de nosotros maduramos y en un abrir y cerrar de ojos podemos perder la capacidad de asombro.

Dejamos de ser niños y ahora vemos el mundo de manera más general. Ya no cuestionamos el por qué de las cosas y asumimos que todo tiene un orden establecido. “Metafactos” es un mundo, una ciudad, un parque de diversiones… un lugar en el espacio.

Milagros Lara, joven estudiante de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY), siendo fiel a sus pulsaciones y esencia minimalista, presenta en la Sala ESAY-Macay del Museo Fernando García Ponce, esta instalación a la que define como una invitación al público para jugar y echar a volar la imaginación, un pretexto para que los recuerdos retornen y reflexionemos sobre lo efímero que somos.

Al cruzar el umbral de la exposición y a primera vista “Metafactos” es capaz de definirse basándose en su composición y estructura: decenas de artefactos de madera, metal y cerámica que tiempo atrás formaron parte de un todo y cumplieron un ciclo, esperando una segunda oportunidad tras ser desechados y esparcidos por el suelo de Mérida, la calurosa urbe, que en fusión con la humedad y el tiempo desgastó su apariencia hasta dejarlos corrosionados.

En su andar por las calles era un hecho que Milagros se encontraría con cada pieza y, sin importarle su apariencia, comenzó a entablar un diálogo con ellas para conocer su pasado y motivo de soledad, culminando con una apropiación del objeto y cada “memoria atómica”.

Uno a uno se fueron sumando los recuerdos de tornillos, placas, alambres o rondanas; todos huérfanos y con altas probabilidades de tener otra patria. La adopción estaba hecha.

Una vez que “Metafactos” te dice el qué y cómo, tu visión te lleva a percatarte en los detalles, rasgos físicos propios de la materia que sufre como nosotros la fricción de la carne con la temporalidad. Óxido, grietas, rasgaduras y todo tipo de heridas yacen sobre los elementos que reposan sobre el suelo, espacio en el que Milagros a manera de deidad ha dispuesto de cierta u otra manera, sin seguir un guión y dejando todo en manos de la espontaneidad, característica humana que podría definir a las grandes civilizaciones que sólo fueron o están destinadas a ser polvo y recuerdo.

Sin darse cuenta, uno puede convertirse en víctima de la misma apropiación que existió entre Milagros y los componentes de “Metafactos”. La instalación que simula ser un área con orden y equilibrio en realidad es propensa a caer en el caos y en el escrutinio de la vista del espectador en su exterior, y que con tan sólo unos pasos hacia su interior experimenta la sensación de estar jugando en un mundo de ficción. Su creadora así lo imaginó, partiendo de la picardía y la necesidad que todos tenemos implícitamente: la de sorprendernos. Porque alguna vez fuimos niños y construimos ciudades con bloques de madera o placas metálicas, también trazamos avenidas y carreteras sobre la tierra y diseñamos ambientes en los que soñábamos vivir hasta la eternidad, rodeados de nuestros amigos, parientes y hermanos, de mamá y papá.

Es definitivo que el tiempo no regresa y en cada paso dejamos recuerdos regados sobre el suelo. “Metafactos”, de Milagros Lara, es una invitación a recordar lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser, en sueños o en esta realidad.— Gibrán Román Canto para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán