“Aún quedamos algunos salvajes”: Transparencias en las creaciones de Rebeca Huerta

“Aún quedamos algunos salvajes”: Transparencias en las creaciones de Rebeca Huerta

Al pie de su sitio de internet se lee Made with light, thought for the heart. Y podría parecer una expresión más o un eslogan de tantos que se escuchan por ahí… Sin embargo, Rebeca Huerta, artista visual contemporánea, se transparenta, al igual que sus objetos –y precisamente en ellos–, con un lenguaje de íntima sensibilidad, de búsqueda y hallazgo, de emoción, y aunque pareciera contradictorio, de control y libertad. Por eso no es un cliché decir que gracias a la luz su obra toca fibras sensibles en el ánimo del espectador.

Quizá porque casi nada es tan puro, tan transparente y con tanta cohesión como el vidrio y al mismo tiempo tan frágil, es que este material es tan atrayente para el ser humano. Quizá lo es por su íntima relación con la luz, con el “poder ver” más allá de su superficies…

“La luz es esencial en la formulación de una pieza escultórica. El escultor siempre piensa en la sombra que se va a proyectar, así como lo hacían los artistas en el período barroco”, explica Rebeca. “Y yo trabajo con un material que además deja pasar la luz a través de sí…”

Con su escultura, Rebeca se aleja de lo repentista y lo accidental y opta por un proceso creativo y de fabricación de largo aliento. Tiempo, precisión, experimentación, conocimiento, cuidado y equilibrio en el manejo de materiales son factores que le acompañan desde la concepción de cada pieza.

Esto sin embargo parecería contrastar con algunas tendencias —ya por cierto no tan— contemporáneas: desde la desmaterialización del arte de la que se habla desde la segunda mitad del siglo XX y la negación del objeto hasta el deseo de superación del arte retiniano.

−Ante todo esto ¿qué hace entonces una chica creando poéticos corazones de vidrio, orgánicos volúmenes translúcidos o enigmáticas formas que evocan a la cinta de Moebius?

−El arte hoy día se hace muy rápido –opina Rebeca−. Mira, en la actualidad una pieza artística escultórica se puede hacer en 20 minutos. Yo me tardo hasta seis meses en producir una de las mías porque lo que quiero es alcanzar cierta calidad técnica (no querría llamarla perfección). También me interesa aplicar métodos que no son efímeros y gracias a ellos lograr darle vida al objeto como tal. Un objeto que nace y llega para quedarse.

−Pero… ¿no se había el objeto en el arte contemporáneo? ¿O por lo menos no había perdido notablemente su importancia? ¿O es que justo hoy surge un replanteamiento del objeto como tal?

−El objeto nunca ha dejado de estar. Ha sido eclipsado por el boom mediático que promueve lo efímero, lo rápido y la búsqueda de una satisfacción instantánea e inmediata. Los artistas quieren pegar un chicle con otro, y ya es satisfacción inmediata. Y es válido y muy respetable. Pero aún quedamos algunos que optamos por un proyecto artístico que requiere tiempo y paciencia para alcanzar el resultado que buscamos.

Rebeca piensa también que siempre es posible hacer algo nuevo bajo el sol, pese a que los seres humanos estamos “domesticados” por nuestra propia cultura. “Yo siempre digo que aún quedamos algunos salvajes que nos hemos resistido a esas normas y a esa domesticación y seguimos nuestros instintos”.

Rebeca se considera próxima solamente a algunos cuantos artistas occidentales (Constantin Brancusi, Raymond Duchamp−Villon (hermano de Marcel Duchamp), Isamu Noguchi, entre otros) y sobremanera reconoce una influencia notable en su obra de la escultura prehispánica mexicana. Más que la academia tradicional, el lenguaje ancestral de las culturas autóctonas y su conexión sensible con la naturaleza humana es con el que encuentra más referencias personales. Para muestra, un botón: una de sus piezas, Ek Balam, hace homenaje a esta influencia.

Asimismo, afín al pensamiento de María Zambrano, Rebeca la evoca cuando dice que el vidrio “tiene la cualidad de reflejar y también de permitir ver hacia su interior”.

−Nosotros normalmente no podemos ver nuestras entrañas, porque son oscuras y están escondidas. Pero cuando tenemos la oportunidad de verlas hasta las interpretamos. Pero el vidrio permite mirar el interior.

Este diálogo del interior con el exterior y esta visibilización del cuerpo será el tema de la próxima colección de Rebeca, que será “muy orgánica, muy femenina”. La trabaja actualmente para septiembre de 2018 y espera que su primera exposición sea en Praga. El título es toda una promesa: “12 lunas y una primavera”.

A raíz de su exposición a principios del presente en la Art Fair Málaga (más de 500 artistas y 40 galerías de todo el mundo) y la conferencia “Escultura y color, la revelación de la luz” sobre la escultura mexicana que impartió en Madrid en el IMEX (Instituto de México en España), en junio, Rebeca ha estado últimamente muy ocupada. Cuando compró el stand de la feria tenía tantas certezas como dudas, porque no pocos le desaconsejaron adquirirlo, entre otros motivos por ser la primera edición de la Feria, por no estar comisariada, o por ser en pocas palabras, muy “comercial”. Sin embargo, ella continuó adelante con la decisión tomada y hoy está satisfecha con los resultados: pasada la feria, a la que Rebeca llevó piezas pequeñas realizadas en la República Checa, “han surgido citas, contactos y vínculos importantes para mí”, que confirman la importancia de la gestión cultural –léase autogestión−. Además, un artículo de Txema Martín publicado en Diario Sur de Málaga arremete contra la feria… pero entre un puñado de espacios y autores que en su opinión “la salvaron”, menciona precisamente a la escultora mexicana.

Rebeca Huerta, quien vivió en Mérida, Yucatán, desde los 8 años de edad, cursó el bachillerato artístico en el Cedart. Su formación profesional en artes la hizo en San Miguel de Allende, Guanajuato y posteriormente en la República Checa. Aquí ha dado clase en talleres de escultura en la Uady, en la Universidad Anáhuac Mayab y en el Centro Estatal de Bellas Artes, donde tuvo a su cargo la coordinación de Artes Visuales.

Actualmente radica en Málaga y allí ha encontrado un enclave afortunado para vincular su trabajo con circuitos artísticos y comerciales. “En México no pude lo mismo, no encontré un nicho para trabajar. Dar clase sí me gusta mucho pero la creación se dificultaba por el acceso a los materiales, a la infraestructura y por la distancia con la República Checa. Ahora gracias a que estoy mucho más cerca puedo ir cada tres meses para allá”.

Actualmente, además de la exposición que prepara y que espera presentar en 2018, Rebeca desea impartir la conferencia en otros espacios como la Casa de América.

Esa inmanencia y vigencia de la escultura prehispánica mexicana en sus piezas contemporáneas es una de las constantes cuando Rebeca toma la palabra. La otra es la función social del arte… ¿Y cuál es? Preguntamos. −Yo creo que a través del arte sí es posible esa casi mágica transformación psicológica y emocional que puede llevarnos a desear ser mejores… y serlo.

¿Más información? En www.rebecahuerta.com.— María Teresa Mézquita Méndez para El Macay en la Cultura

Fuentes: Diario de Yucatán