El cine nacional lo merece

El cine nacional lo merece

En la última semana he estado presente en, al menos, dos discusiones significativas que abordaron en algún punto el estado actual de la industria cinematográfica en México. Una de esas discusiones se dio en una mesa informal con gestores culturales y personajes locales propios del cine y su ambiente; en otra, con un amigo que dista enormidades de estar siquiera adscrito a la susodicha industria. Aprendí dos cosas primordialmente de este par de experiencias, uno: que existe cierto consenso sobre el estado del cine mexicano, es decir, que se aprecia el crecimiento paulatino de las producciones y los incentivos nacionales aunque ello no quiera decir en lo absoluto que se viva un apogeo comparado con otros países o incluso con otras etapas históricas del cine en México y, dos: que el cine es un tema que les compete a todos, sin excepción; se habla más de cine que de cualquier otro entretenimiento popular.

El pasado 14 de agosto se celebró por primera vez el Día Nacional del Cine Mexicano. La celebración, aprobada apenas en abril del presente año por el Senado de la República, intenta promover cintas actuales de la industria nacional así como impulsar programas e incentivos que promuevan tanto la hechura como el consumo de cine local en el país. La iniciativa, apenas naciente, corresponde a los esfuerzos de las instituciones públicas relacionadas (Imcine, Secretaría de Cultura) por el crecimiento del mercado y el consumo locales.

La programación en distintos recintos del país, primordialmente cinetecas, constó de cintas de producción nacional que, en sus respectivos estrenos, no tuvieron ni la divulgación ni la exhibición para competir en taquilla el tiempo suficiente para ser tomadas en cuenta por el mercado masivo. Es ahí donde radica el alcance real e inicial de una iniciativa como ésta: proporcionarle al público la oportunidad de ver cine local para su apreciación. Una segunda y tercera y cuarta oportunidad.

El mercado nacional responde a la demanda y la demanda la dicta el público. La distribución de las cintas en las salas comerciales en territorio nacional tiene un fin: generar ganancias. Y si en las salas del país no se prospecta que el cine mexicano, además de la comedia ligera, podrá tener impacto, las inversiones para su realización tampoco crecerán. No se trata de meter el cine local a la fuerza en la boca de quien no quiere consumirlo; se trata de divulgar la capacidad y calidad de sus producciones. Si el mercado abre su criterio querrá consumirlo más.

La conmemoración de un día como éste se adhiere a una inercia que definitivamente se tiene que aprovechar: aunque la fuga de talentos en la industria sigue siendo evidente, los ojos del mundo están cada vez más interesados por los realizadores y las obras de mexicanos. La realización de festivales internacionales de cine en distintas plazas del territorio nacional genera vínculos y acrecienta el consumo y la curiosidad del espectador promedio.

Este fin de semana, apenas, Guillermo del Toro se hizo acreedor al León de Oro en el Festival de Venecia, uno de los galardones más prestigiosos en la industria internacional. La calidad de encumbrados como el mismo Del Toro, G. Iñarritu, Cuarón o Lubezki dan nota del talento e incluso de la educación cinematográfica en nuestro país; la falta de infraestructura e inversión en la industria provoca que realizadores como los mencionados y multipremiados prefieran geografías y productoras ajenas a las nacionales. Básicamente porque allá afuera hay más, y lo que hay es mejor.

México está en el top 20 de países que más cine produce, aunque alejado en número de industrias como la estadounidense, la francesa o incluso la surcoreana; pero está en el top 5 de los países que más cine consume; se requieren más esfuerzos como éste para alinear mejor las estadísticas.

Lejos del nuevo cine mexicano o el cine de ficheras, la industria nacional merece mejores oportunidades. Y nosotros, como potenciales espectadores, somos el eslabón más fuerte en esa cadena mercantil que también significa el cine.— Ricardo Javier Martínez Sánchez para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán