Una mirada a la colección SHCP

Una mirada a la colección SHCP

Centinela y vigía, “Cara de luna” preside la sala. Su inefable rostro no termina de revelar qué siente o qué piensa el misterioso personaje. Su aspecto arcaico, su plástica rigidez, su falda inamovible, sus senos protuberantes y perforados y sus zapatotes despiertan interrogantes en el espectador. No es para menos: su autor, el nayarita Adolfo Riestra, fallecido prematuramente en 1989, es uno de los grandes artistas mexicanos de fines del siglo XX, y uno de los autores que optaron por el “pago en especie” para cumplir con sus obligaciones fiscales y al mismo tiempo —y sobre todo— contribuir a la consolidación de una importante colección de acervo artístico nacional.

Sobre su obra escribió Germaine Gómez Haro que se conforma de figuras “que logran la compleja síntesis de las formas ancestrales del pasado precolombino y las búsquedas de apropiación, transgresión y deconstrucción de la era posmoderna”. Esta pretensión o aspiración de síntesis de la raíz y el renovado fruto, de lo oculto y lo visible, podría ser uno de los signos en común del eje temático de la obra de artistas oaxaqueños y del centro del país, reunida en la sala 10 del Macay como parte de la gran exposición de la SHCP “Pago en especie” inaugurada hace ya más de un mes. En realidad, una colección de las características particulares de la que goza la Secretaría de Hacienda es inmensamente diversa y amplia tanto en un sentido temporal como por el número de autores y la cantidad de obra que comprende y que aumenta paulatinamente. Esto permite a partir de la colección proponer innumerables propuestas curatoriales. En el Museo Fernando García Ponce-Macay, la SHCP ha estado presente varias veces con su valioso acervo, presentado desde ópticas distintas y siguiendo igualmente diversos discursos plásticos.

En esta ocasión nos centramos en la sala 10, en la cual un grupo de autores oaxaqueños y del centro del país son reunidos con una serie de obra de formato mediano a grande, con preeminencia de la figuración libre. Asimismo, hay cuatro piezas tridimensionales, una de ellas, delicada y elocuente, es uno de los “Cuadernos de los sueños” de Francisco Toledo que permite al espectador atisbar el universo de insectos, productos de la tierra y extraños animales que cohabitan con los humanos en el entorno del veterano maestro oaxaqueño.

En la misma sala encontramos igualmente reminiscencias del bestiario prehispánico en la obra de Roberto Turnbull y el trabajo colorido, fantástico y diverso de otros oaxaqueños como el juchiteca Jesús Urbieta —fallecido antes de cumplir 38 años—, Sergio Hernández, cuya pieza “Sueños del nido” parece invocar a seres inmateriales y de la imaginación y Demián Flores, dueño de un discurso visual que convoca a la vez la cultura urbana y las raíces ancestrales.

La sala 10 permite conocer también al espectador la obra de Arturo Rivera con su discurso terrible y su estética descarnada, así como la de Daniel Lezama, conocido por su figuración posbarroca (“naturalista”, “neotenebrista”) o Nahum Zenil, quien mira fijamente desde sus recurrentes autorretratos y su humor e ironía. Entre las piezas abstractas se encuentra “Fruto central”, muestra de la gestualidad casi herida de Irma Palacios, en contraste con la moderación sugerente de Susana Sierra o la profundamente oscura superficie de entresijos negros de Beatriz Zamora, quien encuentra su espejo objetual en la pieza escultórica “Humoresca” de Palle Frost.

En suma, entre los diferentes puntos de partida que puede experimentar el visitante a la exposición “Acervos artísticos de la nación en custodia de la SHCP”, uno de ellos invita a la sala 10 del museo y desde allí a conocer (o reconocer y volver a disfrutar) el trabajo de importantes creadores mexicanos de nuestro tiempo —o de hace muy poco—, forjadores del rostro pictórico de nuestra identidad artística contemporánea.— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán