Elocuencia del silencio: Cómo reaccionar con arte ante un mundo convulso

Elocuencia del silencio: Cómo reaccionar con arte ante un mundo convulso

El 2 de octubre se cumplieron 49 años de los infaustos sucesos en Tlatelolco. Aniversario difícil, ensombrecido aún más por los muy recientes terremotos y las tensiones internacionales.

Pero en realidad ningún aniversario de algo así puede ser fácil: hace un año, el periodista —y sobreviviente del 68— Luis González de Alba encontró en esta coyuntura la fecha fatal para acabar con su vida. Y hoy, así como hace un año y como hace ya décadas, podemos sumar nuevos y muy recientes hechos trágicos al casi cincuentenario de la plaza “de las tres culturas”: Ayotzinapa, Tlatlaya, las muertas de Juárez —y hoy las muertas de Puebla— y los “levantados” en Veracruz y todo México y los asesinados en Quintana Roo y la injusticia por la Guardería ABC y las infinitas muestras de corrupción y abuso de poder.

¿Dónde queda entonces, en medio de esta descomposición generalizada, el espacio para la voz de la creación, de la imaginación? Conviene, en respuesta, mirar nuevamente a los años 70 y recordar a un puñado de artistas mexicanos quienes reaccionaron contra el deseo oficial de mantener la falsa imagen del México estable y próspero que hospedaría Juegos Olímpicos y Mundial de Fútbol: mientras a través del INBA el gobierno organizó la “Exposición solar” para proyectar un país en esplendor, que en realidad quería tapar el Sol con un dedo, surgió en el seno de la comunidad artística el Salón Independiente, que encontró acogida en el Centro Cultural Isidro Fabela, mejor conocido como la Casa del Risco.

Allí se reunieron más de 40 artistas (entre ellos Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Alberto Gironella, Rafael Coronel, Vicente Rojo, Roger von Gunten y Felipe Ehrenberg), quienes donaron cada uno una obra para el SI (Salón Independiente), cuya venta permitió sacar adelante el proyecto de la exposición, encuentro heteróclito de propuestas artísticas entre las que había abstraccionismo en sus diversas vertientes, expresionismo, arte pop, informalismo y otras tendencias. Su exposición no manifestó abiertamente posturas políticas o críticas a los hechos de su tiempo, pero sí lo hizo de manera implícita al deslindarse del discurso oficial y fundamentar su existencia en su absoluta independencia de las instituciones, particularmente de las gubernamentales. Fue la elocuencia del silencio.

Otras expresiones

Otro proyecto realizado de manera simultánea fue el mural efímero en el que trabajaron artistas como Felguérez, Lilia Carrillo y José Luis Cuevas, pintado sobre las láminas acanaladas que rodeaban una escultura del ex presidente Miguel Alemán.

En una entrevista en “El Sol de Zacatecas”, el maestro Felguérez recuerda que “las láminas eran muy altas, entre 10 y 12 metros”. “Conseguimos unos andamios y corrimos la voz para que fueran a pintar. Poco a poco se fue llenando pero el Ejército entró antes de que acabáramos. Fue un arte colectivo, público y efímero”. Este mural se pintó durante varios domingos en festivales y actividades de apoyo a los estudiantes, organizados por el Comité de Huelga en la explanada de la UNAM.

El Salón de la Plástica Mexicana presentó “Obra 68”, colectiva en la cual los artistas llegaron a plasmar consignas en las piezas que enviaron para exponer. Otras expresiones trascendentes fueron la documentación filmada de testimonios de jóvenes, recogida por alumnos de la escuela de cine, que resultó posteriormente en el Primer Concurso de Cine Independiente, así como la influencia del Movimiento Pánico creado por Alejandro Jodorowsky en 1962 sobre el teatro experimental y el arte conceptual, en el que sobresalieron Felipe Ehrenberg y Ulises Carrión. Posteriormente, se pueden identificar movimientos como el del geometrismo mexicano, representado por artistas como Kazuya Sakai, Vicente Rojo y Manuel Felguérez, y la llamada Generación de los Grupos, integrada por colectivos interdisciplinarios. Esta última llegó a su punto más relevante al ser convocada por Helen Escobedo cuando era directora del MUCA a la X Bienal de Jóvenes en París, en 1977. Uno de estos grupos, Proceso Pentágono, denunció las torturas cometidas en nuestro país.

A casi medio siglo de aquel hecho, una acción pertinente y oportuna sería observar, documentar, registrar las reacciones artísticas que en nuestro tiempo y nuestro país denuncian tantos y tantos atentados contra los derechos humanos elementales, que señalan la corrupción, la irresponsabilidad en los tomadores de decisiones o que simplemente se automarginan del discurso oficial para marcar un sesgo entre “ese camino” y el suyo propio. Ejemplos sobran y serán buen tema para otra columna en este mismo espacio. .— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán