Obras que hablan del 'parto' de los astros

Obras que hablan del 'parto' de los astros

El óleo y los acrílicos no alcanzan a veces para pintar, Pujol Baladas pinta entonces con lava, los cuadros de esta saga fueron elaborados con el magma de un volcán musical. Cómo puede enfrentarse uno a la monumentalidad artística de una obra como La Noche de los Nibelungos y tratar de hacer una metamorfosis del sonido hacia lo pictórico. Definitivamente, y apelando al movimiento Romántico que rige y representa esta obra, la única manera de trazarla en formas, colores y líneas, es usando el viento, el fuego, la lluvia, la tierra misma, como materia prima para configurar las composiciones en la tela.

Al crear esta infinita Ópera en cuatro tiempos, Richard Wagner buscaba desarrollar una obra de arte total, es su más poderoso intento por conjuntar todas las disciplinas artísticas dentro de los movimientos y la puesta en escena de este trabajo operístico. Se necesitan varios días para escuchar y vivir la atmósfera orquestal expandida por este trabajo y a Manel Pujol Baldas se le ha ocurrido intentar la alquimia de ese universo hacia su condensación entre las cuatro esquinas del cuadro. Esto nos sitúa de golpe en la verdadera dimensión de los trabajos pictóricos que aquí nos avasallan con su dinamismo gestual, con su incendio cromático, con esa potente energía que emanan y que parecen hablar del parto de los astros.

Pujol Baladas está también intentando aquí la obra pictórica total, se ha pasado semanas buceando en el cosmos poético y sinfónico de Wagner, ha entrado y salido por todos los pasadizos de esta composición épica cuyas reverberaciones han transformado la cultura ya por generaciones.

Así pues, el pintor ha planteado este dialogo creativo de tal forma, que en la serie resume todo su propio desarrollo, la obra total implica utilizar todos los hallazgos que durante décadas de trabajo frente al vacío de la tela en blanco, se han ido sacando a la superficie, todo el conocimiento obtenido del trabajo compositivo, matérico y cromático, pues el conjunto de cuadros aspira a desarrollar también esa obra total que le plantea su referente musical.

Si bien el anillo aparece representado en varios de los cuadros, resulta claro que lo anecdótico de la mitología germánica islandesa que motiva la composición de la ópera wagneriana, es lo último que le interesa representar a Pujol Baladas, los cuadros más bien narran esa aspiración a una obra de arte total y en ella el círculo es la metáfora formal de la forma suprema y a la vez imposible, no hay, como lo señalan incluso varias leyendas y cuentos, pintor que con su solo pulso pueda dibujar de un trazo un anillo perfecto, pero no por ello esa aspiración a sobrepasar las limitaciones humanas deja de ser la fuerza motriz que impulsa el trabajo creativo, por lo demás, a lo largo de todos los años en que el abstraccionismo de Pujol Baladas se ha abocado a esto.

Intercambios con la gran música del mundo occidental, ese mismo circulo que es sol, luna, anillo, flota por sus cuadros hasta llegar a esta serie que recoge y resume todas las batallas y búsquedas pictóricas que ha vívido en la tensa tela.

Para poder comprender esto, yo mismo tuve que extraviarme por días en lo sonoro de sus pinturas y en las imágenes de Wagner, tuve que desarreglar mis sentidos, y en mitad del proceso cuando estaba intentando vaciar mis ideas en letras, me atrapó el terremoto de más de ocho grados de fuerza y con su tremenda sacudida me hizo terminar de entender en qué estaba metido: en el intento descomunal de estas dos obras, de dos creadores, por resumir en una sola creación todo la sabiduría y fuerza expresiva acumulada durante sus respectivas trayectorias, con la intención aventurada de transmitir a través de ellas, el pulso mismo del universo, una metáfora de la creación cósmica, ese preciso instante cuando el punto donde se concentraban todas las galaxias y cosas del universo, se empezaron a expandir, se hicieron anillo, ombligo de la existencia universal.

Fuentes: Diario de Yucatán, La Jornada Maya