El universo imaginativo de Mario Martín del Campo, en el Macay

El universo imaginativo de Mario Martín del Campo, en el Macay

Sin etiquetas ni taxonomías, sin vincular necesariamente su producción con las discutidas corrientes del arte surreal mexicano (¿mexicano o no… surreal o no… fantástico o no?) Mario Martín del Campo, sin membretes, despliega en “Origen y poema” un repertorio de seres y objetos insólitos expresados en múltiples técnicas, con un solo denominador común que transita entre lo metafórico, lo mágico y lo evocador.

En amplia colección instalada en las salas 10 y 11 del Macay e inaugurada el 26 de enero pasado, la obra de Martín del Campo refrenda el discurso visual, poético y original que caracteriza al artista, y en cuya obra permanece viva la impronta de la imaginación que convive con la vida cotidiana.

Es decir, de alguna manera su mirada vislumbra y reconstruye aquellos instantáneos fantasmas que nos asaltan a cada momento, en el duermevela o a media calle a plena luz del día… allí donde nuestra imaginación juega trastadas y hace mella repentista en lo que nuestros sentidos creen percibir. Así le atribuimos una personalidad, carácter o estado de ánimo a un objeto en el que reconocemos mucho más su carga simbólica que su razón utilitaria.

En el repertorio de la personal faunalia de Martín del Campo hay gatos, toros, lagartos, indefinibles personajes zoomorfos… pero todo revestido de su propio código simbólico y al mismo tiempo desmitificado y lúdico: en su obra subyace siempre algo de humor o algún guiño, algo que nos hace sonreír…

Es recurrente también su interés por brindar personalidad e identidad casi mágica a una serie de ilusorios instrumentos musicales, algunos de los cuales parecerían descendientes remotos de los protagonistas del “infierno musical” de “El jardín de las delicias” de El Bosco.

Y hay más sobresaltos increíblemente gratos: esa escalera que remata en pies humanos bien calzados, ese centauro acerado, esa piragua-instrumento, ese evocador “Cello para un atardecer…”. Esto sin ignorar que, si se trata de invocaciones visuales a lo mágico y surreal, en su bestiario particular se apropia de los prehispánicos nahuales y de las sempiternas máscaras, ambos plenos de presencia en la cultura mexicana.

Además de ser una especie de equilibrista de significados Martín del Campo parece buscar, mucho más allá de la espectacularidad repentista, un trabajo sumamente acabado que revela indudable experiencia, pericia, pulcritud y precisión.

Y esto no lo exime de experimentar en gran diversidad de técnicas: arteobjeto, gráfica, escultura, pintura, objetos construidos. Utiliza maderas preciosas o huevos de avestruz.

Y en todo se percibe ese cuidado del autor en cada detalle y hasta en lo pequeño y casi imperceptible.

Mario Martín del Campo es antiguo huésped del Macay; en el año 2003 presentó “Camerata” en la sala 11 bis y en 2006, una serie de piezas de plata. En una y en otra su obra partió del mismo universo: faunalias fantásticas, imagen poética y referencias musicales.

Sin embargo, esta vez el despliegue es mucho mayor y la abundante obra expuesta en “Origen y poema” permite al espectador ingresar por amplia puerta al inquietante y a la vez grato universo imaginativo de este artista jalisciense.— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán