Entre cementerios marinos

Entre cementerios marinos

La colección de Ghis Thomas en el Museo Macay

El expoforo del Museo Fernando García Ponce recibe desde enero pasado la obra de Ghislaine Thomas (Oran, Argelia, 1947), experimentada artista con cinco décadas de trayectoria que en esta ocasión irrumpe en el espacio con extensa obra de naturaleza abstracta y de grandes dimensiones, que invita al espectador a una inmersión en el entorno oscuro y misterioso que dio lugar a la colección: la atmósfera de los cementerios marinos.

En los tiempos en los cuales la abstracción todavía comenzaba en el panorama de la creación artística, ya hace más de un siglo, y al margen de la incomprensión de la que se fue objeto —y que todavía pervive, pese a todo—, las motivaciones de aquellos creadores partían de la investigación, la descomposición voluntaria del objeto, la indagación en el gesto y el movimiento del trazo…

Hoy día los artistas visuales continúan esa búsqueda experimentadora, y como la misma Ghis, tras comenzar su camino en la expresión figurativa, avanzaron posteriormente hacia el territorio de la abstracción, en la cual uno de los recursos más importantes es el lenguaje propio de los materiales. En el caso de Thomas, las obras están realizadas con técnica mixta sobre tela, en la que sobresale el uso del chapopote que, según explica ella misma, tiene relación directa con su tierra natal en Argelia, donde vivió mucho tiempo.

No titula sus obras
Su colección, integrada por 25 piezas, algunas de ellas dípticos o trípticos, muestra amplias superficies, generalmente de formato apaisado, con predominio de tonos negros, cafés, ocres y grises, con zonas mates surcadas de grafismos satinados. De repente, un azul vibrante atraviesa la composición abstracta, toda de trazos gestuales y amplios, de gran vehemencia.

Si bien en el visitante podría despertar interrogantes el que ninguna obra tenga título, la autora prefiere que sea así porque, explica, “es difícil nombrar una emoción, pues lo encuentro anecdótico; así el espectador tiene la libertad de interpretar su propia vivencia, de encontrarse en su imaginario y sus sensaciones”.

Así, como espectadores, recorremos el espacio y nos sumergimos, como mencionamos al principio, en la atmósfera de los cementerios marinos, el universo silente, frío y oscuro en el que los barcos encallados oscilan eternamente y se funden con el paisaje y los microorganismos del agua. Atmósfera inaudita, naturaleza inusitada que sorprende y atrae.— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

Si bien en el visitante podría despertar interrogantes el que ninguna obra tenga título, la autora prefiere que sea así porque, explica “es difícil nombrar una emoción…”

Fuentes: Diario de Yucatán