Las directrices de la Bauhaus dieron paso a nuevo arte

Las directrices de la Bauhaus dieron paso a nuevo arte

Nuevo paradigma entra en la escena

Mientras en Italia los artistas encabezados por Filippo Tomasso Marinetti presentaban la Exposición Nacional Futurista de Milán y defendían la máquina, la velocidad y el progreso, frente a las que consideraban obsoletas manifestaciones del arte de su tiempo; mientras Marcel Duchamp, provocador e irreverente, dibujaba bigotes y escribía mensajes obscenos sobre una reproducción de la Mona Lisa; mientras Renoir todavía pintaba desnudos femeninos con las manos retorcidas por la artritis; mientras todo eso sucedía, y a la par que los diputados alemanes, reunidos en el teatro de Weimar, debatían el género que debía tener en el futuro la democracia de la gran Alemania; mientras todo eso sucedía, una institución sin precedentes comenzaba un nuevo proyecto bajo los signos de la utilidad, la sencillez y la función que debía siempre preceder a la forma.

Esa institución era la Bauhaus, una escuela superior de artes y oficios de enfoque universal y democrático que el 1 de abril de 1919, en la fría primavera germana, abrió sus puertas a la comunidad estudiantil resultado de la fusión de dos establecimientos preexistentes: la Escuela de Artes y Oficios que hasta 1914 dirigió el arquitecto belga Henri van de Velde y la Escuela Superior de Artes Plásticas.

Bajo la dirección del arquitecto Walter Gropius, la Bauhaus, cuyo nombre significa literalmente “Casa de la construcción”, es uno de los fenómenos más paradigmáticos en la transformación de la arquitectura, el diseño, el urbanismo y las artes. La nueva institución, que en su primera etapa estuvo en Weimar, propugnaba por una visión democrática y por la disolución de las fronteras entre arte y artesanía y miraba con ilusión un futuro que lamentablemente no cumplió con sus expectativas pero que sin embargo hizo trascender sus postulados, propuestas y creaciones mucho más allá de su original condición espacio temporal y estar presente de manera determinante hoy en el siglo XXI.

Sus antecedentes, además de los ya dichos, pueden remontarse al movimiento británico “Arts and Crafts”, a las ideas de la Secesión Vienesa y al movimiento alemán Werkbund, pero además fueron muy influyentes tanto la fundación en 1911 del grupo artístico Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) encabezado por Vasili Kandinsky y Franz Marc como la creación de De Stijl en Holanda, grupo artístico representado por Theo van Doesburg, quien participó directamente en la Bauhaus y cuyas enseñanzas se basaban en la armonía de las proporciones y colores y en la tensión entre éstos como expresión de la futura conciencia formal colectiva.

Al incidir en el diseño industrial, la arquitectura, la tapicería, los vitrales, la pintura, el muralismo e incluso en la cocina, el diseño de modas y el teatro, el entorno Bauhaus no puede abarcarse desde un texto reducido como el presente, pero sí es posible emplear este espacio para invitar al lector a redescubrir la Bauhaus a la luz de los tiempos actuales: encontrar en los edificios por los que transita, los muebles que utiliza, las lámparas que puede adquirir en cualquier tienda departamental, el diseño de los textiles que le rodean, los picaportes de sus puertas, las sillas del vestíbulo de la oficina o el edificio público y en innumerable cantidad de objetos cotidianos que por ser prácticos, accesibles y duraderos dan fe objetual de las premisas Bauhaus de producir un diseño democrático y plural.

En su manifiesto fundacional, Gropius escribió su muy popular invocación para los creadores que concurriesen a la Bauhaus: “Arquitectos, escultores, pintores… todos debemos volver al oficio manual. Porque no hay ningún ‘arte de profesión’ […] no existe diferencia fundamental entre el artista y el artesano […] formemos pues una nueva generación de artesanos en la cual ya no exista la arrogancia que ha conducido a la separación de clases y por culpa de la cual se ha erigido un muro altivo entre artistas y artesanos. Tengamos voluntad, concibamos y realicemos en común la nueva construcción del porvenir”.

Después de Weimar (1919-1925) la Bauhaus se trasladó a Dessau (1925-1932) y finalmente a Berlín (1932-1933) donde fue oficialmente clausurada en 1933 por el Nacional Socialismo. Había tenido dos directores además de Gropius: Hannes Meyer (1928-1939) y Ludwig Mies van der Rohe (1930-1933). Cuando la clausuraron 32 estudiantes fueron detenidos por los nazis.

Muchas reflexiones han todavía de manar de esta efeméride, pero hay dos en particular que nos interesan y podemos reservar para futuras columnas: la herencia Bauhaus en nuestro país, adonde llegaron, entre otros, Hannes Meyer y Lena Bergner, y la presencia de las mujeres en la institución, cuyo trabajo, influencia y aportaciones al estilo de la “Casa de la construcción” se recupera poco a poco, después de mucho tiempo de haber sido ignorado.— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán