Manual meditativo para montar una gran exposición sobre La Ruptura

Manual meditativo para montar una gran exposición sobre La Ruptura

El reto de reunir a nueve maestros en una sola sala

¿Cuántas pinturas se necesitan para montar una exposición significativa? Arrojemos los dados: ¿cuarenta?, ¿cincuenta?, ¿cien, quizá? Si deseamos hacer visible la fuerza imaginativa de una generación de artistas ¿debemos dedicar una gran sala, con lienzos o esculturas igual de grandes? ¿Qué tan impresionante debe ser el despliegue de objetos artísticos para dejar en claro que allí, en esa sala de museo, hay un acontecimiento enorme?

Doce. Yo creo que la respuesta es doce. Doce obras pueden constituir una exposición monumental. ¿Cuántos autores? ¿Igualmente doce? Creo que con nueve tenemos suficiente. ¡Se hacen cosas grandes con tan poco! Para dar muestra de lo que escribo, dejo aquí una lista de lo necesario para montar la muestra. Necesitaremos: un grabado en metal, algo de acrílico sobre papel, tinta, un óleo sobre tela, un collage sobre cartulina, otros dos óleos sobre tela (pero no los mismos. Nunca son los mismos), una serigrafía, dos litografías, otro grabado en metal más, y una escultura en bronce.

Una vez reunidos estos objetos (desde las manos de José Luis Cuevas, Gironella, Lilia Carrillo y algunos otros amables artistas), debemos buscarles una sala para exhibirlos debidamente. Recordemos: son apenas doce piezas. No queremos jugar al escondite. Un espacio demasiado grande nos extraviaría. ¿Un espacio pequeño para una exposición grandiosa? Es posible y, en este caso, hasta necesario.

Tenemos todo casi listo. ¿Qué falta? Los títulos de las piezas han nacido con ellas. Los colores acatan su lugar en los lienzos y las sombras en los grabados. La escultura no piensa moverse, o eso prometió, al menos. Nos falta un título para la muestra. Para poner un nombre, debemos observar con detenimiento. ¿Qué es aquello común en todas las obras que reunimos? Lilia Carrillo mató la naturaleza, y los colores y las figuras, por efecto, se disipan y marchitan. Gironella hizo sus propias meninas, con rostros de contorno espejeado y curvo. Roger von Gunten presenta una mezcla de ambas cosas; sin embargo, es algo diferente de principio a fin. Enrique Echeverría trajo una Illa de flagrantes guindas y curvas marítimas; Fernando García Ponce, Vicente Rojo y Manuel Felguérez, unidos y separados por el color vibrante y divergentes en el uso de la simetría. ¿Y Vlady? Vlady siendo Vlady (por él hablará su obra). Y de Cuevas… no será “La Giganta”, porque pesaba mucho. Nos trajimos mejor un juego de miradas, como entre latentes y espectrales.

¿Cómo nombrar tan tremendo disparo de imaginación? Suceden tantas cosas dentro del pequeño cuarto, ahora lleno de obras como las hemos descrito arriba, que las palabras sienten vergüenza. Pesadilla o gloria la de no poder nombrar algo. “Sin título”, quisiera poner, para librarme de la carga y librar a las obras de un sentido que se aleje del suyo, el que les es propio, el que no necesita de letras. Pero tampoco quiero parecer absurdo, porque aquí hay algo que une y disipa a la vez. Hay, también, temporalidad en estas piezas artísticas. Todas ellas suceden juntas y por separado. He entrado a la sala donde se encuentran, y he sentido mi corazón vibrar como si un gigante estuviera en medio, observando todas las esquinas sin voltear el rostro.

La gran exposición tendrá por nombre “Tiempos de Ruptura”. El tiempo rompiéndose, yendo despacio y con tensión, con invite a imaginar una época que no se extingue. Esperemos que las paredes aguanten de aquí a diciembre. Lleven sus ojos a visitar este evento de La Ruptura. En el Museo Macay, en la sala 3, encontrarán las obras que no describí y apenas evoqué. Al abrir la puerta, verán aquello que no pude expresar con palabras.— David Mayoral Bonilla para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán