En la producción contemporánea la obra artística hace eco de la sobre información que experimenta el habitante de las ciudades de hoy y la saturación visual a la que está expuesto, por tanto, no es de extrañar la yuxtaposición de formas e imágenes, la simultaneidad de mensajes y la multiplicidad de versiones que se suelen generar a partir de una idea.
Tal podría ser el caso de la propuesta visual de Marcos Límenes, quien ahora expone en el Macay, en las salas cuatro y cinco. Su colección se compone de 12 cuadros, cinco dibujos, un políptico en técnica mixta y un trabajo en pirograbado. Todos, salvo los dibujos, fueron ensamblados in situ. Llama la atención que la mayoría de sus cuadros estén realizados precisamente a manera de polípticos, formados por tablas unidas entre sí.
Radicado en Cuernavaca, Límenes dice que se considera afortunado “de ser un pintor en tiempos que esta actividad es considerada anacrónica por buena parte de mis colegas artistas”.
“Es más -continúa- , estoy convencido de que la pintura conserva hoy más que nunca su poder invocatorio y su capacidad de conmover por encima del inmenso mar de imágenes que nos rodea”.
En la obra de Límenes, cada tabla contiene imágenes convocadas por el artista que no necesariamente están relacionadas entre sí, y cuyas historias, autónomas en cada sección, recorren una variada sucesión de acontecimientos a través de objetos aparentemente inconexos pero seguramente vinculados en su imaginación. Así, en esas secciones de sus trabajos, aparecen desde palas para cavar hasta hornos de pan, libreros pletóricos de obras, mujeres dormidas o la shakespeariana “Ofelia Muerta” del prerrafaelista John Everet Millais (que en el cuadro que protagoniza se sugiere su disolución de cuerpo recién muerto hacia la nada en las tablas inferiores), entre otras muchas.
Agrupadas bajo los títulos “Plegarias”, “Vértigo”, “El mundo es cuadrado” e “Insomnio”, las obras que conforman la colección de Límenes incluyen también aplicaciones de metal y papel, zonas de collage, ceras, temple, pirograbado o bien de pintura convencional. El formato vertical y estrecho añade intensidad a cada imagen percibida, y el conjunto resulta hasta cierto punto enigmático al recurrir a elementos aparentemente disímbolos. Si bien éstos supuestamente no tienen conexión, subyace en ellos el título de la exposición: “Nada es igual”, quizá precisamente porque todo es distinto y todo está junto.
Postinformalismo
En suma, si hubiera el deseo de clasificar la corriente pictórica de Límenes, podríamos vincularlo con un postinformalismo ya muy ulterior, con modificaciones contemporáneas, aunque signado por una paleta de color más bien cálida.
Dice Marcos que en rigor, el asunto en la pintura “nunca ha sido la imagen como tal sino lo que subyace detrás de ella. Pensemos en el artista primitivo que plasmó la perfecta silueta de un bisonte en el fondo de una cueva con la finalidad de propiciar el encuentro directo con el animal de carne y hueso. O bien en los íconos medievales que encarnaban, ni más ni menos, que al mismo Dios”.
Estas reflexiones y los comentarios del artista sobre la naturaleza de la serie llamada “Plegarias” (que se refieren según el autor a plegarias paganas que llevan implícita una elevación en pos de sentido y de conectar cada segmento de los cuadros con el contiguo “y así lograr una imagen interior”) reafirman en el espectador esta sensación de complejidad de la producción contemporánea a la que nos hemos referido desde el inicio y la oportunidad ahora de apreciar un ejemplo en el que todo converge, desde la clásica pintura, sobreviviente en su fuero interno de técnicas según algunos muy superadas hasta la conceptualización de la misma, en las maneras actuales de crear y de producir: ya no sólo se pinta sino también se ensambla, se agrieta, se quema, se mancha, se tiñe.- María Teresa Mézquita Méndez

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