Mantiene un diálogo íntimo con sus obras
¿Qué tan abiertos estamos a la transformación? ¿De cuántas maneras distintas podemos mostrarnos? ¿Qué tan honestos estamos dispuestos a ser?
El espacio desde el punto de vista físico y social, la conquista de la espiritualidad personal y colectiva, la sensualidad de la forma y la libertad para hacerse presente.De manera pulcra, etérea, cuasi inmaculada, Claire Becker (París, Francia), transforma la materia entregando en cada una de sus obras emociones y deseos. En una búsqueda aparentemente obsesiva por la perfección, descubrimos a una artista de gran sensibilidad, capaz de alimentarse de la experiencia de los años para lapidar sus miedos.
Lo supo desde siempre, quería ser artista, no importaba dónde, no importaba el cómo. Lo hizo en el teatro, lo hizo en la música, lo hizo en la plástica. La danza la cautivó y se entregó a ella en cuerpo y alma. Fueron años duros, demandantes. Lo sabemos, ser bailarina no es tarea fácil y el cuerpo lo sufre y el cuerpo lo goza, pero llega un momento en el que debe parar, debe transformarse.
La disciplina y el ideal de perfección de la danza se mantienen latentes pero también los miedos y las inseguridades. Sus primeras aproximaciones a la escultura no fueron piezas de gran formato como las que hoy vemos en la exposición “Materia Dispuesta”, en el Expoforo del Macay, el inicio fue sutil, discreto, pequeñas piezas de joyería y juegos de ajedrez.
Transición
Poco a poco Claire Becker comienza a sentirse cómoda en su nueva piel, explorando el movimiento y la energía de la forma a través de la escultura. Los retos aumentan y la necesidad de liberarse de ciertos temores la llevan a crear esculturas monumentales, obras conceptuales, provocativas y con cierto toque de humor.
Influenciada por la escultura barroca, Claire Becker construye su propio lenguaje. Sus materiales favoritos: el bronce, el yeso, la fibra de vidrio, la resina cristal y en general, todos aquellos que le permiten emular las características propias de la forma y la intención que de ella persigue, como en una de sus series, “Agridulces y Amarguras”, donde trata de despertar en el espectador el deseo por tocar o incluso comer las piezas.
Amasar materia hasta infundirle propiedades de un orden más elevado -dice Becker- una energía vital asociada a la consciencia pero que no deja de comunicar algo más allá de la forma misma. Juegos de luz y sombra, el equilibrio y el desequilibrio, la abstracción en la figuración, la sensualidad en la plenitud de los volúmenes. Cada pieza logra diferentes lecturas según la perspectiva o el plano desde el cual la observe el espectador.
Claire Becker presenta una selección de obras representativas, de diversos momentos y series, en la exposición “Materia Dispuesta”. Las piezas sirven como hilo conductor para conocer a fondo la historia, el modo de ser y el sentir de la artista. Escultura, instalación, poesía y fotografía. Cuerpos geométricos, la esfera como símbolo de plenitud, fragmentos corporales realistas, formas lúdicas ligadas a recuerdos de la infancia. Becker mantiene un diálogo íntimo con sus obras y eso se refleja y hace evidente a través de su poesía. La serie fotográfica que presenta retrata a los modelos cuyas bocas esculpió a casi 10 veces su tamaño.Mención especial merece la instalación “El cascarón que nos separa”, cuyas delicadas formas permiten que algo extraordinario pase con la materia. Explosión de detalles que vale la pena tomarse el tiempo para contemplar y descubrir.- Aída Barrera Pino

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