Ana López-Montes. Soñar con el paisaje

Ana López-Montes. Soñar con el paisaje

Por María Teresa Mézquita Méndez

En la exposición “Cauces” (instalada en la sala 11-bis del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán, en Mérida) dos recursos principales van de la mano: por un lado, el paisaje como recurrencia temática; por el otro, la técnica: el collage.

Con respecto al paisaje como tema en la pintura y la historia del arte; desde siglos atrás las visiones del entorno natural han aparecido en la obra de los pintores para generar atmósferas y crear escenarios simbólicos. Unas veces, como en los trabajos de pintura sobre tabla de Joaquim Patinir o en los lienzos renacentistas, se pintan enigmáticos y son parte y no la totalidad del objeto de lo pintado. Con el paso del tiempo los paisajes cobraron protagonismo (en el siglo XVII aquella inolvidable escena de Delf de Jan Vermeer; en el XVIII las maravillosas vistas venecianas de Canaletto y en el XIX el gran éxito del paisajismo romántico); sobre todo de los pintores ingleses que encontraron en el paisaje una vía de expresión del temperamental período. O bien del impresionismo francés de fin de siglo; sin dejar de mencionar la pintura oriental en la cual también los escenarios naturales cobran especial sentido. Finalmente, el siglo XX y XXI a su vez, han permitido que el tema ya de por sí generoso lo sea aún más y discurra del surrealismo al expresionismo, el arte conceptual o la fotografía. Por otra parte, la técnica del collage proviene de las vanguardias del siglo XX y que en su gran versatilidad mantiene su principio esencial: añadir objetos pegados a una superficie que funge como soporte.

Ana López Montes ejerce su obra más reciente a partir de la suma de ambas consideraciones: una colección de 20 trabajos realizados con collage sobre papel japonés hecho de fibras naturales y cuyo hilo conductor es justo una sucesión de paisajes.

En “Cauces” utiliza el papel como pincel y ha colocado cada fragmento entintado como si fuera un trazo. Esta suma de acciones le ha permitido retomar la técnica ya antigua y consagrada del collage, con un tratamiento mucho menos usual, al emplear exclusivamente la delicada fibra de colores troceada a mano y luego distribuida y pegada a la superficie. El resultado es la creación de un conjunto de vistas imaginarias que sin embargo brindan esa noción de profundidad, de perspectiva y de horizonte que tiene el espectador cuando abre una ventana y se asoma a contemplar el mundo exterior, debajo del cielo y el sol. Técnicamente, el papel pegado además produce, como si de pinturas se tratase, veladuras, transparencias y zonas donde los pliegues pegados generan la sensación de “pincelada”; un interesante ejercicio de traducción de lenguajes que puede leerse y disfrutarse en el sureste mexicano hasta abril próximo.

La imagen final de este ejercicio es una especie de alquimia que transforma en su obra varias técnicas de artes visuales incluyendo la pintura al óleo, el grabado y la monotipia con preferencia por la abstracción o el informalismo. Su elección del collage ofrece una colección de ventanas abiertas a paisajes desdoblados desde la incógnita. Magnéticos y silentes, no deja de llamar la atención que éstos –así como una anterior serie de faros– parecen ser de su obra reciente la que más se aproxima a la figuración. Se puede descubrir el mar en calma y escudriñar el cielo surcado de nubes (y el mar que las refleja); se pueden vislumbrar rocas o arrecifes en medio del mar; se adivinan escenarios congelados o campos sembrados. Se reconstruyen todos desde la imaginación y tras la contemplación de las superficies se comprende que aquel paisaje insólito no es una pintura, sino un delicado micro cosmos construido poco a poco con papel.

Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (MACAY)

Hasta abril

www.analopezmontes.com

Fuentes: Arte al día