El arte de Meret Oppenheim, una alemana peculiar
Qué es la libertad? ¿Por qué los seres humanos ponemos tanto empeño en ser y sentirnos libres? ¿Cuántas formas de entender la libertad existen? ¿En verdad podemos ser totalmente libres? ¿Bajo qué conceptos? A lo largo de la historia hemos conocido a diferentes líderes y promotores de ideologías y movimientos que luchan por ella. En cada época vemos surgir nuevas necesidades para con nuestra libertad y muy cerca, de la mano, la igualdad de género por la que se siguen lidiando duras batallas en el día a día.
Meret Oppenheim afirmaba: La libertad no se concede. Uno tiene que tomársela.
Grandes palabras de una mujer que busco provocar y hacerse notar a través del arte, tarea que no le fue fácil, pese haber crecido en el seno de una familia con ideas un tanto liberales, rodeada de poesía, pintura y causas sociales, con una tía casada con Hermann Hesse y una abuela pintora, que además de escribir novelas y cuentos infantiles, se destacó como activista a favor de los Derechos de la Mujer.
Meret Oppenheim nació en Alemania en 1913, pasó parte de su infancia entre el sur de este país y Suiza. Su primera obra la realizó a los dieciséis años, inspirada por una exposición de la Bauhaus en la que participaba Paul Klee. A los dieciocho decide viajar a Paris, se inscribe en la Académie de la Grande Chaumière y al poco tiempo abandona sus estudios. Aburrida de las reglas y limitantes académicas, decide convertirse en artista autodidacta. Durante ese tiempo comienza a escribir poesía y realiza sus primeros objetos surrealistas.
La personalidad de Meret Oppenheim era cautivante para el círculo en el que se movía, su juventud, su belleza, su espontaneidad, hicieron crecer su fama de forma acelerada. Man Ray capturo a la artista en varias de sus series de desnudos más conocidas. En verdad poseía una visión anacrónica para el arte.
En 1936 realizaría una de sus piezas más reconocidas. Se encontraba en un café con Dora Maar y Pablo Picasso, llevaba un brazalete que ella misma había diseñado forrado en piel, Picasso comenta que todo puede cubrirse con piel. Tras el encuentro Meret cubre con piel de gacela china, una taza de café, una cuchara y un plato. Le Déjeuner en fourrure es el nombre que daría posteriormente André Breton a este objeto surrealista comprado ese mismo año por el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Pero la fama y las etiquetas no eran algo que un espíritu libre como Meret Oppenheim buscara, le aterraba ser encasillada exclusivamente como artista surrealista. Su padre, quien no estaba muy de acuerdo con la idea de que fuese artista pues consideraba que las mujeres nunca habían destacado en el arte, había costeado hasta entonces su formación y se venían tiempo difíciles para ella, pues él no podría hacerlo más, debido a su condición de judío y por los conflictos que se vivían en la época y que le impedían trabajar.
Con un fuerte bloqueo emocional, Meret Oppenheim enfrenta una crisis creativa en Suiza, a donde se había trasladado a causa de la situación política y de la amenaza de guerra.
Es hasta finales de los años sesenta que Meret Oppenheim se libera de sus propios demonios y vuelve a pertenecer a la vanguardia artística, recobrando su fuerza como creadora. En esta nueva etapa la artista es capaz de criticar y abordar con humor piezas de su juventud para desarrollar nuevas producciones. Su obra refleja un gran interés por lo efímero, lo voluble, lo provocador y lo irónico. La libertad continúa siendo un tema recurrente. Destaca en la pintura, el arte objeto, el diseño y la escultura. Pasa la última etapa de su vida en Berna y en París. Fallece en 1985.- Aída Barrera Pino

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