"Argentina en Yucatán" reúne varios lenguajes
Escribir y comentar sobre una exposición colectiva representa siempre un reto porque no permite ampliar en detalles ni especificidades de cada expositor. La mirada recorre la gran oferta, su diversidad y pluralidad, y se queda con ella para hacer solamente pocas observaciones.
Mayor es la dificultad cuando el conjunto de imágenes está equilibrado en calidad y propuestas, y cuando, sin embargo, esa multiplicidad de lenguajes se unifica bajo un criterio amplio, tan amplio como una nación, tan diverso como su paisaje.
Tal es el caso de la exposición “Argentina en Mérida”, que en total convocó a 27 artistas argentinos que ocupan varias salas del Macay además del Expoforo y el Pasaje Revolución.
Hoy apuntaremos sólo algunos detalles de la obra expuesta en las salas nueve, 10 y 11 del museo, donde se exhibe el trabajo de los artistas visuales Alejandro Avakian, Anastasia Moiseeff, Andrés Waissman, Andrés Labaké, Antonia Guzmán, Cristina Hauk, Margarita Milano, Silvia Corcuera, Viviana Zargón, Simón Altkorn, Diana Schufer y Ana Lía Werthein.
En estas salas se expone pintura, escultura, fotografía y vídeo arte. En la obra pictórica la abstracción es todavía un medio atractivo y fértil para las búsquedas expresivas de los pintores, quienes de todos modos muestran las huellas e influencias de las vanguardias pictóricas del siglo XX. Alejandro Avakian, por ejemplo, expone abstracción gestual con óleo, con predominio formal de la aplicación de los colores vibrantes sobre el lienzo neutro al cual brinda también protagonismo; por su parte Andrés Waissman eligió acrílicos y esmalte sobre tela para plasmar escenas abigarradas de multitud de formas mínimas -manchas pequeñas que sugieren amontonamientos, quizá hasta muchedumbres humanas- que uno de sus título explica: “Los desterrados III”.
A su vez, en el grupo de abstractos, Antonia Guzmán se apega al geometrismo puntual y determina fronteras nítidas entre las zonas de color, mientras que Cristina Hauk indaga en nuevas externalidades del llamado arte concreto con raíces en el suprematismo o el neoplasticismo, es decir, una estética de la geometría, los colores básicos e intensos, las formas repetitivas de patrones idénticos y la ausencia de representación del mundo exterior.
Finalmente en este bloque Silvia Corcuera elige el acrílico y el collage textil para optar igual por el geometrismo y dejarse seducir por un color que al cual históricamente las mayorías no han sido indiferentes: el azul ultramar.
Entre los argentinos que optaron por la figuración, Viviana Zargón elige un lenguaje fotográfico, hiperrealista y una paleta monócroma para ofrecer escenas de interiores arquitectónicos de bodegas y espacios de almacén y trabajo, donde la elocuencia parece estar en la total ausencia de figuras humanas.
Diferente es el lenguaje de Ana Lía Werthein, cuyo minimalismo pictórico reduce su paleta a zonas de color que sintetizan automóviles, tractores y camionetas en un ambiente rural que tiene raíces en su vida personal y en observaciones actuales que hace de la producción agropecuaria.
Y aún figurativo, el trabajo de Andrés Labaké podría parecer una abstracción al reducir a su mínimo tamaño formas figurativas: esbeltas canoas de madera, mínimas sillas acomodadas para un foro o un aula y una especie de escalera que sube sin apoyo hacia el cielo. El resultado de su propuesta omite el significado obvio para trasladar nuestra lectura a territorios más surreales y simbólicos.
Entre las propuestas en tres dimensiones, las dos propuestas son muy diferentes entre sí: mientras que Anastasia Moiseeff ofrece una combinación de papel calado y serigrafía de naturaleza más experimental que sugiere figuras livianas de poética fragilidad, Margarita Milano elige la escultura abstracta en mármol de diversos tipos, con sugerencias vegetales, orgánicas y anatómicas.En fotografía, el espectador descubre el trabajo de Simón Altkorn, quien revela personajes que desde su contexto y su entorno resultan muy cinematográficos. Nada extraño en un artista cuya formación es de cineasta. Sobre su trabajo ha escrito Andrés Waissman que “sus fotografías son viajes que duelen [.] obras como las imágenes más cercanas a lo que en la vida ocurre”.Finalmente, Diana Schuferopta por el vídeo arte: un lápiz dibuja una figura frágil que muestra una niña a la que luego acaba por tachar. El título es “Yo te creé, yo te destruyo” y su propuesta conceptual se concentra en temas relacionados con el lenguaje de las relaciones interpersonales y del erotismo. Todas estas propuestas y las demás que ofrece el Macay en este segundo trimestre del año de abril a junio esperan en el museo al visitante, quien puede recorrerlas previamente en la página de la institución: http://www.macay.org/exposiciones/temporales.- María Teresa Mézquita M.

Traductor