Tres argentinos nos muestran su obra escultórica
A punto de concluir el periodo de exposición de la colectiva “Argentina en Yucatán” del Macay, le recordamos visitar el emblemático Pasaje Revolución, que desde hace tres meses alberga la obra de los escultores argentinos: Nadia Guthmann, Claudio Ruiz y Gerardo Wohlgemuth.
El espacio se vuelve cómplice perfecto, que regala al transeúnte la mirada de tres artistas que además de la nacionalidad comparten el interés por temáticas que exploran la relación del hombre con la naturaleza, su riqueza, herencia cultural y la búsqueda espiritual. Cada uno, desde su muy particular interés y técnica enfrenta al espectador en diálogo abierto, donde cada escultura aguarda con más de un significado. Nadia Guthman nos sensibiliza a través de sus conocimientos y estudios en biología y arte, nos permite conocer paralelismos entre el hombre y el reino animal, emociones y simbolismos que literalmente habitan dentro de cada una de sus esculturas.
Nadia descubrió en las mallas de metal desplegado el instrumento ideal para comunicar cada uno de sus mensajes e ideas, gracias a cualidades del material, como peso, transparencia y tonalidades. Justamente por su transparencia y peso, algunas de sus obras se permiten una dualidad para admirarlas como volúmenes tridimensionales y con la ayuda de motores mecánicos e iluminación, también como sombrasque nos regalan una serie de dibujos en movimiento.
Los animales son pieza clave para la construcción de múltiples lecturas en la obra de la artista, son animales de gran fuerza espiritual, presentes en las diferentes culturas, en mitos y leyendas. Representan sentimientos y emociones personales y a veces incluso situaciones políticas y sociales a las que se enfrenta Argentina.
Claudio Ruiz, por su parte, nos habla de la conquista del espacio a través de la escultura, de dotar de nuevas cualidades al metal, de hacernos olvidar el carácter frío de este material con color y texturas propias de la naturaleza.
El trabajo físico es muy importante, quizá sea su forma de inyectar “humanidad” al material. Claudio prefiere como proceso de manufactura trabajar en frío, a modo de golpes, con prensas y torsiones mecánicas.
La oxidación es un elemento de importancia, muchas veces presente de manera natural en el material y otras provocado. El artista detiene ese proceso para una mejor conservación de su obra aplicando pinturas de aceite, óleos o barniz.
Ruiz define su estilo como abstracto simbólico, algunas de sus esculturas son piezas completas y otras ensambladas. En ellas encontramos elementos y símbolos espirituales que nos hablan de su manera de entender el mundo y seguir conectado a las creencias ancestrales. También están presentes huevos, esferas, semillas que representan el nacimiento, la vida, la evolución…
A Gerardo Wohlgemuth también le atraen las cualidades del metal oxidado, pero su escultura se inclina más por las formas minimales, donde la austeridad adquiere significados relacionados con la libertad y el equilibrio.
Formado dentro del movimiento constructivista americano, Wohlgemuthnos comparte su actual interés por la filosofía oriental, manifestado en la forma y en la relación entre obra y espacio.
Pese a la rigidez del material, el movimiento también está presente en sus esculturas, el círculo imperfecto que abre nuevos caminos a la repetición y la movilidad.El hombre, la espiritualidad, el arte, no solo se manifiesta en la obra de estos tres artistas argentinos, lo hace también a través del espectador y la arquitectura que arropa al Pasaje Revolución. Si aún no ha visitado la exposición, no deje de hacerlo, vale la pena descubrir más relaciones y simbolismos en este importante foro escultórico.- Aída Barrera Pino

Traductor