Nicolas Schöffer: el pionero del "arte cibernético"
Nicolas Schöffer es considerado uno de los artistas más importantes de Europa, del periodo de posguerra de la década de los cincuenta.
Su interés por integrar dinamismo al arte, lo lleva a explorar y combinar diferentes disciplinas: arquitectura, pintura, escultura, cine, televisión, música.
En 1956 crea la primera escultura cibernética de la historia del arte.
Schöffer llevaba camino recorrido dentro de las artes visuales como pintor expresionista y surrealista.
Tomando como referencia las teorías cibernéticas del matemático norteamericano Norbert Wiener, el artista francés de origen húngaro, se sumerge de lleno en las nuevas tecnologías de finales de los años cuarenta.
Los signos visuales y sonoros definieron su obra de 1950 a 1970, años en los que se identificó plenamente como creador – programador. El espacio, la luz y el tiempo sus “materiales inmateriales”.
En 1948 trabajó en lo que él llamó espaciodinamismo, para en 1957 evolucionar al luminodinamismo y en 1959 al cronodinamismo.
Los experimentos, investigaciones e ideas de Nicolas Schöffer se materializaron en París, donde vivió desde 1936, estudiando en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes y trabajando en el taller del pintor francés Fernand Sabatté.
Su “escultura cibernética espaciodinámica”, CYSP 1, es considerada la primera obra de arte interactiva, con esta pieza Schöffer liberó a la escultura de la forma estática y abrió nuevos debates relacionados con los procesos tradicionales para la creación artística.
CYSP 1 fue desarrollada por la compañía Philips, Francia en 1956. La escultura cinética a escala humana, está construida con células fotoeléctricas, un micrófono y un homeostato, un sistema que responde a los cambios en el sonido, la intensidad de la luz, el color y el movimiento. Toda la escultura se mueve a diferentes velocidades dependiendo de los estímulos externos.
Schöffer construyó su obra entre el espacio real y el virtual, buscando transmitir nuevos signos estéticos para mejorar la experiencia del espectador. La psicología, la química, la mecánica, la informática, se volvieron imprescindibles en sus proyectos. Torres cibernéticas sonoras, casas con paredes virtuales para dividir sus espacios, producciones de vídeo, espectáculos cibernéticos experimentales, esculturas luminodinámicas, investigaciones, libros, el legado de este artista es extraordinario. Con Nicolas Schöffer la imaginación se entrecruza con la tecnología, el arte y la percepción. Algunas de sus piezas se mueven físicamente, otras tan solo lo sugieren. La contemplación provoca inquietudes ópticas, un completo ataque a la percepción.Nacido en Hungría el 6 de septiembre de 1912, Schöffer se nacionalizó francés en 1948. Fallece en París el 8 de enero de 1992.
Aída Barrera Pino

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