Tiempo, espacio y escultura

Tiempo, espacio y escultura

Hace mucho que los materiales dejaron de ser condición ineludible para determinar la naturaleza artística de un objeto. Es más, quizá nunca lo fueron y sólo temporalmente se creyó que era necesario que una pieza fuera hecha de mármol, de marfil o bronce o por lo menos de madera para brindarle una especie de documento de identidad a los objetos dignos de exposición. Pero si bien la escultura es hoy aún la referencia a un objeto tridimensional, su materialidad traspasa los límites de lo académico y tradicional para experimentar con nuevos medios, soportes y herramientas de expresión artística. Y aunque esto no sea ya una novedad, lo destacado es reconocer en esta innovación recurrente las infinitas posibilidades de acudir a la imaginación para traducir –que finalmente eso es el arte– una idea en un objeto.
“Formas y pasajes”, exposición presentada en el Expo Foro del Macay en el contexto del FIC-Maya y resultado de la colaboración entre el Museo de Arte Moderno, el Centro de las Artes y el espacio anfitrión, presenta la visión de 18 artistas contemporáneos cuyos objetos escultóricos se transmutan conceptual y físicamente para permitir al espectador experimentar no sólo la interrelación del volumen con su espacio sino también la modificación perceptual de este último.
Los participantes son Erick Meyenberg, María José de la Macorra, Ricardo Rendón, Guillermo Álvarez Charvel, Emilio Chapela, Boris Viskin, Miguel Monroy, Gilberto Esparza, Pablo Rasgado, Aníbal Catalán, Sofía Táboas, Ale de la Puente, Marco Rountree, Edgar Orlaineta, Isadora Cuéllar, Arcadio Vera, Jaime Ruiz Otis y Gonzalo Leb.
Ya en la hoja de Sala, Graciela Kasep, curadora del MAM, hace referencia a esta característica cambiante de la escultura con el tiempo y el espacio, denominador común a las piezas que se encuentran en exposición: los claveles colocados en un muro de alambre mueren paulatinamente y de ser flores coloridas y brillantes hoy son pequeños despojos resecos y si se quedasen más tiempo terminarían por convertirse en polvo; por otro lado, sillas y mesas se reutilizan para generar estructuras con formas insólitas; una estructura construida con bandejas de plástico y apoyada de un pequeño mecanismo genera la percepción acústica de una cascada; una fina red plástica y una serie de alambres plateados hacen pensar al espectador en una nube y dos letreros construidos con focos (el Macay se informa que se encienden sólo por las tardes) brindan mensajes textuales visibles y tal como si fueran anuncios espectaculares son alimentados con energía artificial y generan luz y calor.
En suma, se trata de la transformación artística del objeto para lograr la representación física del concepto; en cada una de estas piezas se modifica la percepción de lo escultórico para replantear así la comprensión estética de la figura y la materia.
El barro, por ejemplo, reconfigura su discurso étnico y orgánico para hacer referencias a la naturaleza: la pieza expuesta titulada “memorias pétreas” semeja realmente fragmentos de roca y sus acabados y texturas llaman la atención por las tonalidades logradas, que remiten a vetas, materiales ígneos o capas minerales. Otra pieza semeja aun collar de grandes dimensiones, en el cual el acabado de las cuentas es más “rústico”: tanto al tacto como a la vista es distinguible su constitución matérica.
A su vez, la tecnología se manifiesta como un parásito más dentro de la ciudad en la obra de Gilberto Esparza. Y aunque no se dice mucho de ella ni en la hoja de sala ni en las fichas, la exposición se exhibe las piezas en un pequeño mostrador y a través de fotografías expuestas se muestra cómo experimentó con ellas el autor en espacios abiertos: cada pieza fue diseñada para cumplir una actividad única y repetitiva para la cual absorbían energía del contexto urbano. Son auténticos parásitos urbanos: se cuelgan de cables eléctricos urbanos, activan su funcionamiento en respuesta al ambiente (como una “mosca” eléctrica que ejecuta su tedioso sonido cuando el sensor detecta la proximidad de alguien), o una supuesta “araña” que camina sin descanso buscando agua para regar su propia planta. Una oportunidad para el espectador quizá hubiera sido brindarle un vídeo del funcionamiento de estos objetos.
Por otra parte, una instalación llamada “Biblioteca Roland Barthes” revela en realidad, al aproximarse, una estantería llena de tablones de ancho y alto desiguales, que de lejos se ven como lucen los libros colocados en repisas. El autor añadió en algunos de los “lomos” títulos sugeridos para estos “falsos libros”. Significativamente, para ambos (libros de papel o tablones) los árboles y la madera son la principal fuente de materia prima.
Los nuevos emplazamientos y nuevos materiales, la “conceptualidad” enfrentada a la “objetualidad”, la preservación pertinente o irrelevante de las piezas una vez lograda la meta de exhibirlas y muchas discusiones más se diversifican y enriquecen cada vez que se presentan propuestas como Formas y pasajes, una ventana más a la transformación del objeto tridimensional y a sus transformaciones a lo largo del tiempo y el espacio. La exposición permanece en el Expo Foro del Macay. Más información en http://www.macay.org/exposicion/84/formas-y-pasajes-escultura-contemporanea.

María Teresa Mézquita Méndez y Verónica Contreras Castellanos (*).
(*) Estudiante de la Licenciatura en Artes Visuales de la Fauady.

 

Fuentes: Diario de Yucatán