Loría, en su noche. Con gatos espirituales

Loría, en su noche. Con gatos espirituales

Preámbulo: El blog de Galería Tataya siempre ha sido un vehículo para difundir ensayos, artículos, reseñas críticas de arte, tanto en Yucatán, México como del mundo, nunca se ha prestado para reseñar crónicas sociales o fiestas de sociedad, sin embargo la fiesta “Vernissage”, como la llamó José Luis Loría Méndez, artista plástico a su reunión con amigos fue un performance de arte por si misma, digna de ser cronicada, por lo extraña y exquisita, y debe ser mostrada a todos.

Loría, en su noche. Con gatos espirituales

Llegaban, las cámaras de tv, de fotografía, se adosaban en esquinas a interrogar al artista sobre su arte, Loría, Loría, Loría...¿maestro me dice que es para usted esa técnica del color?...¿porqué con lápices de colores?...¿y ese formato????. Asediaban a François Valcke, dueño de la Galería Tataya y curador en literatura y técnica de la misma, señor Valcke explíquenos, señor Valcke díganos...y así iba cayendo la suave noche sobre la Expo “La Cofradía de los Ojos” que se abrió en privado, en el Expo Foro del Museo de arte Contemporáneo de Yucatán, para admiradores, amigos y familiares del artista y que se deshizo en halagos, vino blanco, champagne “Moët” y vino rosso entre perlas y toques de Chanel, Hermès o Cartier. Las botanas que iban desde el salmón fumé hasta rodajitas de langosta quebrada en panecillos tostados.

Todas sedas, de esas que vienen de la India, o tal vez de algún sudeste sudafricano, todas en ópalos iraníes, rubíes australianos y diamantes discretos, muy discretos. Llegaban y sin música bailaban, sonreían, platicaban con aquellos a los que les eran familiares y conocidos de verse y recrearse en otras fiestas de la capital del sureste, saludaban a los nuevos, como lo es este cronista, disimuladamente preguntaban por mi, ... porque de esa reunión vienen puertas, de las alianzas sabrosas en la plataforma cultural de una región necesaria como lo fue otrora, pilar y luz.

Sin ser una fiesta política, la clase económica estaba y conversaba entre ellos, quizá y en ejercicio poemático podríamos indagar sobre lo que hablaban: granjas de pepinos de mar en aguas poco profundas, cultivos extensivos de limones para ir directo a China y a Thailandia..., la miel, la miel, la miel tan preciada en otras orbes, tan exótica ella.... Mil cosas y el agua corriendo por debajo, como las mareas de los cenotes, una noche, la noche. Mientras Loría caminaba, saludaba, mostraba y vendía muy contento.

José Luis Loría se lució con sus 40 gatos dibujados en mil tonos de colores, a gran formato, grandísimo que parecemos meninos indefensos a las pezuñas de los felinos. Con ojos curvados, directos, incisivos donde la gelatina ocular nada viéndonos en cada esquina. Una maravilla que le llevó 2 años de trabajo y un sinfín de idas y venidas, de caminos, de libros, de llamadas a sus amigos, de consultas a sus asesores espirituales, de conflictos y soluciones, de respiros y pre-signacioes validas de cruces en su frente.
He allí el logro, con gente clave, que ya ha comenzado a adquirir su obra. Con un Museo que lo ha respaldado en mostrarlo y creer en él. Con su asistente Héctor, cuya prodigiosa mente computada que todo lo resuelve y lo recuerda, inclusiva para el cronista que reseña. Una noche que llenará líneas y que abre simbólicamente las puertas para la renovación de nuevas plataformas de arte en la región.

Gerardo Martínez. Comunicólogo. Analista de Arte.

Fuentes: Tataya