Socorro Chablé, una apasionada de la fotografía

Su pasión por la fotografía, y ahora por la orfebrería, es inocultable, como también lo es todo lo que se relaciona con la defensa de las mujeres, de sus derechos, de sus cuerpos.

Sí, es un ejemplo de mujer apasionada, luchadora incansable, una abeja obrera maya que se echa a cuestas compromisos político-sociales, aunque no tenga tiempo ni para ella misma.

Socorro Chablé González es una de las fotógrafas yucatecas más reconocidas, y también más abiertamente comprometidas con su oficio y su sociedad. Ha destacado en el arte fotográfico que, como muchos otros, estuvo dominado por los hombres durante largo tiempo. Un club de Tobi al que no le fue fácil entrar y mucho menos demostrar a quienes lo formaban que tenía la sensibilidad, el talento y las ganas de dejar testimonio de su realidad.

Sus fotos han transitado de la formalidad estética a lo documental y están marcadas por su incursión en el fotoperiodismo. Constituyen asimismo una forma de ver el mundo desde una perspectiva genuinamente femenina.

Sin embargo, como ella misma indica, no se debe ni se puede reducir el alcance de la fotografía, pues en sí misma es un universo con alcances ilimitados, infinitos, como lo son también los sentimientos, los compromisos que pueden generar en quienes la miran.

Socorro Chablé ha participado en más de 50 exposiciones colectivas e individuales en México, España, Polonia, Francia, Estados Unidos y Suecia, así como en diferentes encuentros y festivales de fotografía.

También ha cursado talleres con destacados fotógrafos como Xavier Vallhonrat y Laura González. En 1993 participó como curadora en el Encuentro de Arles Francia (con el fotógrafo Víctor Rendón), para seleccionar la obra que sería expuesta en Abril Mes Internacional de la Fotografía de 1994.

Entre las principales publicaciones en las que ha participado figuran Mérida entre dos épocas, México Peregrino, La Ruta de los Santuarios en México, Mérida: Miradas y Palabra, Días de Feria, Palacios de Gobierno en México, Centenario del Palacio de Gobierno, así como en las revistas, Cuartoscuro, Tierra Adentro, Foto Zoom, Tiempo, Foto Mundo, Camino Blanco y Criterios, entre otras. En ocasión de sus 25 años en el arte-oficio de la fotografía, sostuvimos con ella esta conversación.

—¿Qué es para ti la fotografía?
— Una parte de mi vida, un medio a través del cual he podido expresarme a mis anchas y con el cual me siento plenamente identificada. La fotografía me ha resultado el medio de expresión idóneo, considerando que antes exploré la literatura, la pintura y la escultura sin éxito; incluso probé muy brevemente un curso sobre fotografía fija en cine y tampoco me sentí tan plena como en la fotografía, que finalmente se llegó a convertir en una de mis grandes pasiones.

—Cuéntanos de tus inicios en este oficio.
—Realmente la fotografía me acompañó desde la adolescencia. Solía traer conmigo una Instamática a la que le sacaba provecho, según me lo permitiera mi economía para el revelado y la impresión, pero no fue hasta 1987 que la asumí formalmente y con consciencia de causa.
Antes de eso había cursado la carrera de Trabajo Social en la Ciudad de México y la había ejercido en Yucatán a lo largo de cinco años, que fue cuando decidí darle un giro a mi vida.

En 1986 inicié un diplomado en Artes Plásticas en el Centro Estatal de Bellas Artes y ese mismo año ingresé al grupo independiente de fotógrafos Plano Focal, como colaboradora en la organización del evento “Abril Mes de la Fotografía” en Yucatán. Ese hecho fue determinante para encausar mis inicios en la fotografía en 1987.

—¿Cuándo te diste cuenta y decidiste que querías dedicarte al oficio de fotógrafa?
—Cuando sentí un gran impulso de comprar mi primera cámara profesional y tome mis primeras fotos supe que eso era lo mío. No se diga cuando empecé a trabajar en el cuarto oscuro; desde el inicio me sentí plenamente identificada con este oficio y no me equivoqué al elegirlo, pues ya ves que esta relación ha durado 25 años.

Debo decir que en ese año (1987) apenas tuve mi cámara comencé a trabajar en mis primeras series temáticas, y así fue como surgió “La vida siempre sobre ruedas”, una de mis series favoritas y con la que obtuve el primer lugar en la Segunda Bienal de Artes Visuales de Yucatán; apenas podía creerlo.
Años después decidí radicar temporalmente en el Distrito Federal para tomar un taller de Creación Cinematográfica en el Museo Carrillo Gil y cursar un diplomado de año y medio en la Escuela Activa de Fotografía.

—¿Hubo algún hecho, persona o imagen que influyó para que tomaras la decisión de elegir ese oficio?
—Mi decisión fue resultado de varias circunstancias y no de un solo hecho, pero fue fundamental mi relación con el grupo Plano Focal; en sus integrantes veía el principal estimulo en torno a la fotografía porque los veía trabajar y me gustaba, así que sólo era cuestión de tiempo.

La mayoría eran muy celosos de su oficio, pero es justo reconocer que en algunos encontré un gran apoyo para dar mis primeros pasos en la fotografía. Por ejemplo, Humberto Suaste me asesoró para comprar mi primera cámara (una Nikkormat usada, con un lente 70 mm) en el Monte de Piedad, y me compartió los conocimientos básicos para manejarla. Semanas después me apoyó para aprender el trabajo del cuarto oscuro, prestándome su laboratorio días enteros; siempre le estaré profundamente agradecida por eso.

Tiempo después fue Víctor Rendón quien me dio su apoyo en más de un sentido. Para entonces yo ya formaba parte del grupo de fotógrafos “Plano Focal” que él presidía, y que después cambió su nombre a “Imagen Alterna”.

—¿A nivel temático por quiénes te sentías atraída?
—Debo reconocer que no podía ser ajena al bombardeo visual que significaba ver el trabajo de las y los fotógrafos que invitábamos a exponer. Así es como en su momento me sentí muy atraída por el trabajo de Manuel Álvarez Bravo, Graciela Iturbide y de fotógrafos con los que alternábamos a través de los eventos de “Abril Mes de la Fotografía”, como José Hernández Claire, Lourdes Grobet y Jesús Sánchez Uribe, entre otros. Años después me identifiqué con la obra de fotógrafos como Xavier Vallhonrat y Tony Catani, pero quien realmente penetró en mi conciencia fotográfica para no salir nunca fue Sebastiao Salgado, de quien tuve la oportunidad de ver una de sus más grandes exposiciones en París. Su trabajo me impactó a tal grado que regresé a verlo por segunda vez y las dos veces salí llorando de la emoción. Hoy conservo un fotograbado que compre ahí, a pesar de que eso me implicó sacrificar parte de mi itinerario de viaje; por supuesto que no me arrepiento.

—¿Qué satisfacciones te ha dejado la fotografía?
—Me parece que la satisfacción más importante fue la de descubrir que en este oficio, después de haberlo intentado en otras artes, podía expresarme libremente sin ningún tipo de limitaciones. Desde que tomé las primeras fotos, las revelé y las imprimí descubrí que era lo mío y que había encontrado un oficio apasionante. A lo mejor tendría que decir que en la fotografía encontré a uno de mis grandes amores y esa es en sí misma una de mis más grandes satisfacciones.
Si bien he tenido otro tipo de satisfacciones, como algunos premios y reconocimientos, nada se compara con el inmenso placer de ir por la vida acompañada de este oficio.

—¿Y decepciones?
—Difícilmente podría pensar en algo que me haya decepcionado en ella. Si acaso algo me ha causado cierto conflicto es el tránsito de la fotografía análoga a la digital. El trabajo en el cuarto oscuro para mí era fundamental, me causaba una gran emoción ese momento de intimidad en que una imagen cobraba vida; te puedo decir que hasta sentía mariposas en el estómago. Puedo estar equivocada, pero me da la impresión de que tenía mayor dominio sobre el resultado final de la imagen; ahora siento que la fotografía digital me ha robado un poco de eso. Quiero aclarar que no estoy renegando de la fotografía digital; estoy consciente de que ofrece muchos recursos a los que se les puede sacar provecho, pero hay que asimilarla poco a poco para aprovechar sus ventajas.

—¿Por qué son pocas las mujeres fotógrafas que han destacado?
—Bueno, realmente viéndolo en perspectiva, es probable que no sean tan pocas, más bien creo que no han sido suficientemente visibilizadas. Esta es la realidad de las mujeres en casi todos los ámbitos, pero hemos tenido destacadas fotógrafas en México a lo largo de los años.
Hay proyectos muy buenos que han reivindicado el papel de las mujeres en la fotografía y hay que destacarlos, como la exposición “Mujeres detrás de la lente. Cien años de creación fotográfica en México 1910-2010”, que reúne el trabajo de más de 60 fotógrafas a lo largo de un siglo, con la excelente curaduría de Emma Cecilia García; al igual que el proyecto impulsado por José Antonio Rodríguez, del que no conozco el titulo, pero entiendo que también reunió el trabajo de varias fotógrafas.
Por su parte, la investigadora Rebeca Monrroy también ha publicado trabajos muy interesantes sobre la participación de las mujeres en la fotografía desde principios de siglo que habría que leer.

No obstante, como te decía, en la fotografía como en otros ámbitos, las mujeres no han sido suficientemente visibilizadas y creo que todavía hay mucha historia que escribir al respecto.

—¿Quiénes son tus compañeros de generación?
—Realmente yo me inicié a lado de fotógrafos que ya tenían varios años dedicados a la fotografía, algunos más otros menos, pero más que yo. En ese grupo estaban Víctor Rendón, Humberto Suaste, Eduardo Arco, Andrew Xenios, Christian Rassmussen, Ygnacio Rivero y Ariel Guzmán.

—¿Qué buscas en tus fotos?
— La aventura de los hallazgos, robarle fragmentos a la vida que me permitan reinventar mi propia memoria, plasmar mi visión de las cosas y traducir experiencias de vida en experiencias visuales que pueda compartir con otras personas; quién quita y logre despertar alguna emoción en alguien.
En medio de esa búsqueda, la mayor parte de las veces trabajo en series que me ocupan varios años. Determino un tema de mi interés y lo desarrollo hasta que creo haber madurado la idea; sin embargo, no todo lo que fotografío está inmerso en una serie; hay imágenes en las que no hay una idea preconcebida y más bien son el resultado de capturar un instante.

He realizado también algunos ejercicios en torno al desnudo, pero creo que la fotografía documental es la que más ha caracterizado mi trabajo a lo largo de los años; además, hoy por hoy, reconozco que el fotoperiodismo ha ejercido una gran influencia en mi temática.

—¿Qué función tiene hoy la fotografía o qué papel se espera que desempeñe en nuestra sociedad?
—No creo que se le deba limitar a una sola función; creo que la fotografía nos plantea un universo muy amplio como para limitarla. En la medida que conozco el trabajo de otros fotógrafos y fotógrafas me convenzo de que este arte no tiene límites. Sí creo que la fotografía documental ha jugado un papel fundamental en este país y creo que le debemos la posibilidad de poder ir reconstruyendo nuestra riqueza histórica; en ese sentido creo que falta mucho y debemos investigar más y valorar a quienes han hecho un camino en la fotografía documental. Sin embargo, insisto en que la fotografía es mucho más que eso, no podemos ubicarla únicamente en el plano documental y exigirle esa función.

—¿Qué series has retratado y qué te llevó a hacerlo?
—Puedo destacar algunas de ellas; al principio te mencionaba que una de mis favoritas es “La vida siempre sobre ruedas”, desarrollada en mis inicios y con la que obtuve el primer lugar en la Segunda Bienal de Artes Visuales (1987). El trabajo abordaba la vida errante de los trabajadores ferrocarrileros que viajaban junto con sus familias en los vagones adaptados como viviendas, y que en ese entonces se ubicaban en los terrenos de “La Plancha”. Sin embargo, al poco tiempo y durante varios años también trabajé el tema del desnudo.

A falta de modelos comencé haciendo autorretratos con partes de mi cuerpo; sin embargo, muy pronto tuve la oportunidad de trabajar con personas a quienes les estoy muy agradecida por su confianza; mostrar el cuerpo a otros para ser fotografiados no es cosa sencilla.
Con ellos trabaje una serie llamada “La luz y el pudor inútil”, realizando desnudos en haciendas abandonadas. El titulo surgió del texto que realizó el escritor Jorge Pech en torno a la serie.

Otra de mis series se titula “Ilusiones trotantes” y está desarrollada en torno a la vida errante de las familias de los circos. Es una de las que me ha ocupado más tiempo. Otra serie se titula “Lo que sea su voluntad” y es un trabajo en torno a los músicos que tocan en la calle o en espacios públicos de la ciudad.
Por otra parte, desde hace algunos años estoy trabajando una serie en torno a las mujeres y sus condiciones de vida, como parte de las mismas inquietudes que me mueven a publicar la sección Luna Maya que aparece regularmente en POR ESTO!

La discriminación, la desigualdad y la inequidad que siguen enfrentando las mujeres son algunas de las inquietudes que me han movido para desarrollar este trabajo que aún no se ha expuesto.
—¿Quién compra actualmente fotografía y qué tipos de fotografía son las que se demandan?
—Mira, los criterios de venta van y vienen en el arte y la fotografía no es la excepción; creo que todo es más una cuestión de mercado; sin embargo, la fotografía siempre enfrenta mayores problemas que otras disciplinas para ser vendida.
Por otra parte, me parece que la fotografía documental podría enfrentar mayores problemas en el circuito de las ventas, en comparación con otras tendencias, aunque puedo estar equivocada; no lo sé de cierto.
—¿Sigue siendo difícil exponer en Yucatán?
— No hay punto de comparación entre lo que sucedía hace 30 años y las condiciones actuales. En ese entonces, como ya te comenté, eran pocos los espacios públicos y privados que se destinaban para la exhibición de obra, particularmente de fotografía, y las galerías particulares se contaban con los dedos de una mano. Ahora hay muchos espacios para exponer.
Con el sólo hecho de contar con más espacios, ahora los fotógrafos tienen un camino ganado; es muy probable que muchos de ellos desconozcan todo lo que implicó abrir brecha para que las cosas cambiaran, y es posible que muchos jóvenes fotógrafos no sepan que en un tiempo no muy lejano no se concebía exhibir fotografía en una galería o museo. Ahora está todo puesto para quien tenga una propuesta. Sin embargo, esto no exime a las instituciones culturales de su responsabilidad, que aún no asumen en su totalidad, en particular con la fotografía.
—Los surrealistas afirmaban que para cambiar la vida primero había que cambiar la vista. ¿Cómo debemos mirar hoy la fotografía?
—Te comentaba que la fotografía no tiene límites y creo que habría que mirarla justamente en esa dimensión, como un medio de expresión universal. Manuel Álvarez Bravo me dijo un día que aunque todo está hecho en la fotografía, todavía la podemos seguir reinventando porque en ella podemos encontrar uno de los medios más nobles. Yo agregaría que a diferencia de otras artes, la fotografía es más libre, más cachonda, más solidaria. Habría que valorarla en toda su dimensión, con todos los recursos y posibilidades que nos ofrece.
—Platícanos cómo surgió “Abril Mes de la Fotografía” en Yucatán y quiénes fueron sus protagonistas.
—En la década de los ochenta en Yucatán, y creo que en todo México, la fotografía era relegada en los espacios de exhibición, y había esfuerzos muy incipientes para cambiar las cosas en el Distrito Federal, pero también en otros lugares; Yucatán no fue la excepción.
Un grupo de fotógrafos se había propuesto dar la batalla, y así fue como Víctor Rendón, Humberto Suaste, Eduardo Arco, Ygnacio Rivero, Andrew Xenios y Christian Rasmaussen, en colaboración con las ideas de otros artistas, como los pintores Oscar Ortiz, Gildo González, Alonso Gutiérrez y Marck Callaghan, entre otros, daban vida a la idea de crear un evento que reivindicara la fotografía como arte. Así surgió “Abril Mes de la Fotografía”. Su trascendencia fue haber sido uno de los primeros y más importantes eventos fotográficos en el país, y es en ese contexto donde tuve el privilegio de dar mis primeros pasos en la fotografía.
Siempre que tengo oportunidad me parece oportuno dar crédito a ese grupo visionario de fotógrafos, que sin imaginarlo, abrió paso a una nueva etapa de la fotografía en Yucatán, y me atrevo a decir que también de México, abriendo brecha a las jóvenes generaciones.
El primer “Abril Mes de la Fotografía” se celebró en 1985 y consistió en una exposición individual de los fotógrafos que impulsaron ese evento. Por cierto, cada uno de ellos expuso en lugares distintos. Christian Rassmussen, por ejemplo, me parece que expuso en un supermercado. Víctor Rendón decía en broma que lo había hecho sobre las verduras porque no había espacios suficientes. Yo no colaboré en ese primer año porque me integré hasta el segundo, así que te comparto lo que ellos mismos contaban.
“Abril Mes de la Fotografía” fue determinante para muchos jóvenes que comenzábamos en esta rama del arte, pero también fue generador de una cultura fotográfica que impactó en la sociedad en su conjunto. Este evento contribuyó a colocar a la fotografía en la misma categoría que otras expresiones artísticas, pero también influyó, por ejemplo, en la importancia que comenzaron a darle los medios de comunicación al aspecto visual. Las escuelas de comunicación y diferentes universidades empezaron a incluirla en sus planes de estudio y Bellas Artes la incorporó por primera vez a su diplomado de artes visuales. Como verás la importancia de este evento tuvo un impacto mucho más trascendente de lo que algunos quieren reconocer.
—¿Qué lecciones te dejó ese festival fotográfico que trascendió nuestras fronteras?
—Las lecciones fueron de toda índole; la primera y más importante es que se pueden lograr grandes cosas cuando se trabaja en equipo en torno a un mismo objetivo. La segunda fue comprobar que los grupos independientes de artistas pueden impulsar proyectos serios y de gran trascendencia sin esperar que sean los gobiernos quienes tomen la iniciativa.
Por último, pero en el mismo nivel de importancia, me hizo comprender que se puede romper con las inercias del centralismo y que desde la provincia se pueden generar grandes proyectos que impacten en el resto del país.
A nivel muy personal me dejó muchos más aprendizajes, pero creo que eso será tema para otro momento.
—¿Qué se necesita para que Yucatán retome su liderazgo en el renglón de la fotografía?
—Gente que se apasione para impulsarla con la fuerza que se ha hecho en otros años, y conjuntar esfuerzos entre el gremio fotográfico y las autoridades culturales.
Creo que hay ejemplos dignos de buenos intentos, pero en algunos ha faltado perseverancia.
Hace no muchos años tuvo lugar un evento denominado Fotonoviembre, pero creo que sólo se realizaron algunas ediciones.
También hay un proyecto muy interesante que ha impulsado Humberto Suaste a través de la Fundación Casa de la Fotografía del Sureste, que entiendo se denomina Jornadas y Encuentros con la Imagen y que realiza desde 2005 en colaboración con un colectivo; me parece que este proyecto ha sido uno de los más perseverantes y es admirable que Humberto haya podido concretar lo que fuera el sueño del grupo Imagen Alterna: la creación de una casa de la fotografía; habrá que estar más pendientes y solidarizarse con este esfuerzo, aunque creo que harían falta muchas más iniciativas además de ésta, que contribuyan a fortalecer el movimiento fotográfico.
Es interesante que la gente siga preguntándonos por qué no se retoma “Abril Mes de la Fotografía”, pero siempre respondo lo mismo ¿por qué tiene que ser abril, por qué no junio o septiembre, por qué tiene que ser el mismo grupo, por qué no lo hacen otros? Me parece que “Abril Mes de la Fotografía” y el Grupo Imagen Alterna tuvieron su momento y su tiempo; vivíamos otras circunstancias que determinaron nuestra forma muy particular de hacer las cosas; ahora sería interesante ver otras propuestas, construirlas.
—Tú has tenido la oportunidad de combinar la fotografía artística o de autor y el fotoperiodismo. ¿Qué nos puedes platicar sobre ello?
—Me gustaría precisar que aunque en esencia la fotografía documental y la periodística están muy relacionadas, no son lo mismo; la primera no requiere ser publicada, a diferencia de la segunda que se caracteriza por ello.
El fotoperiodismo está relacionado con el trabajo que se hace para un medio de comunicación, y por lo general está vinculado a la información diaria o los hechos recientes o inmediatos, salvo algunos fotorreportajes o trabajos especiales que no siempre son la nota del día; en cambio la fotografía documental no está regida por estos criterios.
Respondiendo a tu pregunta inicial, debo decir que en mi caso he trabajado en los dos rubros; primero me inicié en la fotografía documental y años después decidí incursionar en el fotoperiodismo, de manera que he podido combinarlas sin ningún problema.
Sin embargo, sí creo que el fotoperiodismo me planteó mayores retos y exigencias que se han convertido en mi principal escuela.
El fotoperiodismo te obliga a dominar la técnica, sin descuidar las preocupaciones estéticas que pueden darle mayor fuerza a una imagen, y esto te puede llevar a desarrollar un gran oficio si te lo propones.
Si a eso le agregas que me tocaron los tiempos de la fotografía análoga donde había que cargar con dos cámaras para tomar blanco y negro en una y color (diapositiva) en otra, te puedo decir que el aprendizaje fue intenso.
En POR ESTO! la mayor parte del tiempo los propios fotógrafos revelábamos nuestros rollos e imprimíamos las fotos, salvo contadas ocasiones en que algún laboratorista nos apoyaba, así que la dinámica de trabajo era realmente intensa y el aprendizaje también. Creo que sin lugar a dudas fue ahí donde realmente me entrené en este oficio, a pesar de que ya tenía siete años de haberme iniciado en la fotografía antes de incorporarme.
Por otra parte, creo que mi paso por el fotoperiodismo me ha llevado a otras cosas, no sólo a tener una visión mucho más aguda y crítica sobre la fotografía, sino también a mirar diferente y preocuparme por mi entorno social. Así han surgido otros proyectos que han definido mi vida, como el trabajo que realizo en torno a los derechos humanos de las mujeres, los derechos laborales, la creación de dos secciones en este mismo periódico (En Voz Alta y Luna Maya) y algunos de los proyectos fotográficos que estoy realizando ahora.
Hoy por hoy puedo decir que todas mis actividades son una fusión de todo lo anterior. En cuanto a mi trabajo documental en la fotografía, sin duda te aseguro que está retroalimentado desde la visión y la experiencia del fotoperiodismo.
—¿De qué extensión es tu archivo fotográfico?
—No tengo la menor idea, creo que desde que empecé a trabajar para POR ESTO! en 1994 entré en una carrera loca en la vida que desde entonces no ha cambiado, además de que siempre he tenido una dinámica bastante acelerada que a veces no me ayuda; te confieso que desde esos años dejé de actualizar mi currículo, al grado de que sufro cuando me piden una versión completa, así que te podrás imaginar que aún menos he podido contar de cuántas imágenes está conformado mi archivo. Lo que sí te puedo decir es que una buena parte de él se encuentra en negativos y diapositivas sin digitalizar.
Tengo una gran facilidad para involucrarme en muchas cosas a la vez y tal vez sea uno de mis mayores defectos, pero no lo puedo evitar; de hecho creo que la mayoría de mis amigas y amigos me lo cuestionan. Quién quite y cambie con los años.
—¿Qué destino piensas darle a tu archivo? Te lo pregunto, porque tú sabes que no son pocos los casos en los que se ha perdido material valioso de esta naturaleza.
—La verdad es que tampoco me he detenido a pensar sobre ello; lo que sí me he propuesto es ver la manera de digitalizar mis archivos y respaldarlos de ese modo, pero tendré que hacerme de tiempo.
Entiendo que el CAIHY ha contribuido a rescatar el material de algunos fotógrafos, por lo que aprovecho difundirlo para que las y los fotógrafos sepan que existe esta posibilidad. Valdría la pena también que hubiera un apoyo institucional permanente para este propósito. Aprovecho esta oportunidad para hacer un llamado a las instituciones y fotógrafos para que pongan atención sobre la preservación de sus archivos, sobre todo si tomamos en cuenta que en Yucatán contamos con una cultura de la imagen. En lo personal prometo pensar y repensar al respecto.
—¿Qué planes tienes a corto, mediano y largo plazos?
—El plan más inmediato está en la exposición del MACAY que será inaugurada este viernes 27 de abril a las 20:00 hrs. Aprovecho este espacio para hacer una invitación abierta a todo el público, y también para agradecer de manera especial la invitación que me hicieran los directivos del MACAY para exponer. He contado con el apoyo profesional de todo su equipo y han puesto su mejor empeño para resolver hasta el último detalle en la organización.
Esta muestra me significa mucho porque este año cumplo 25 años como fotógrafa, y me permite celebrar de la mejor manera mis bodas de plata con la fotografía.
Inicialmente había planeado presentar una muestra del trabajo que estoy realizando en torno a las mujeres, pero decidí que una retrospectiva me dará mayores posibilidades de presentar un balance del trabajo realizado a lo largo de todos estos años. Se titula “Mirada Retrospectiva a 25 años” y estará conformada por 25 fotografías en gran formato, la mayoría en blanco y negro, y una pequeña selección en color.
—Entiendo que estás incursionado en otro arte, además de la fotografía. ¿Podrías abundar al respecto?
—¡Claro! A esto me refería cuando te decía que no puedo evitar involucrarme con otras cosas que llegan a mi vida y me tocan el alma. Eso es justamente lo que me pasó con la orfebrería.
Hace como año y medio comencé a realizar algunas piezas de joyería en plata; sin embargo, a partir de que tomé un taller con Ofelia Murrieta, una de las más destacadas diseñadoras de joyas en México, me sentí motivada a realizar un trabajo más serio en este ámbito. Ofelia es una mujer llena de magia y trabajar con ella durante la semana que duró el taller fue suficiente para enamorarme de este oficio. Desde entonces he aprovechado todos los talleres de orfebrería a mi alcance.
He tenido la suerte de ser guiada por gente maravillosa a la que siempre estaré profundamente agradecida, y en ese camino además de Ofelia Murrieta, tuve la fortuna de conocer a Carlos Cabral, otro destacado diseñador y orfebre que elabora hermosas piezas de autor. Con él he aprendido la mayoría de las técnicas con las que ahora trabajo, que son la forja, el repujado y cincelado en diversos metales como la plata, el cobre y el latón.
No son menos importantes otros artistas y artesanos locales que también me han enseñado mucho, como el escultor y orfebre Gerardo Perea; Daniel Cervera que me ha enseñado sobre el arte de la filigrana, y Santiago Chablé, mi actual maestro en la Escuela de Artes y Oficios.
Con una disculpa por abusar de tu espacio, no quisiera dejar de mencionar y agradecer el apoyo de Patricia Etcharren (directora de la Carrera de Diseño de la Universidad Modelo) y Mariana Estrella (docente de la misma) por darme todas las facilidades para participar en los talleres que ha promovido la Universidad Modelo.
Por último, sólo me queda agregar que esa intensa pasión que he sentido por la fotografía, ahora también la comparto con la orfebrería.
Tenía la firme intención de exponer algunas de mis piezas en el marco de la exposición fotográfica del MACAY, pero mucho me temo que el tiempo está encima y es probable que no sea suficiente para lograrlo.
Por Faulo M. Sánchez Novelo

Fuentes: Por Esto!