Albino Álvarez después de Informe Toledo

Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?... Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro”. Esto lo escribió un extravagante de las letras al que no todos comprenden: Franz Kafka, autor de Metamorfosis. Se refería a la literatura que reconstituye el alma y que da vida, pero la reflexión bien podría aplicarse a otras disciplinas artísticas como la pintura o el cine. Francisco Toledo, el pintor juchiteco, es un hombre a quien también le gusta dar puñetazos en el cráneo; quizás por eso se identificó con el escritor de origen judío y decidió realizar quince grabados en torno a la obra de Kafka que tituló Informe para una academia.

A su manera, Albino Álvarez Gómez, cineasta egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM, es otro al que le atrae romper el mar de hielo y despertar conciencias. Tal vez esa fue una de las razones que lo llevaron a realizar el documental El informe Toledo (México, 2009), una cuidada narración audiovisual que perfila el ser y quehacer del más subversivo de los monos, del artista gráfico que vuela papalotes para no olvidar a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y del experto grabador, dibujante, escultor, impresor y ceramista: Francisco Toledo. La influencia que tuvo en él la cultura europea, su inclinación por el mundo animal y esa obsesión por dialogar consigo mismo a través de los autorretratos, son parte del largometraje.

En el marco del Festival Internacional de la Cultura Maya (Ficmaya 2015) e invitado por Punto de Encuentro, espacio multidisciplinario de la Fundación Macay, Albino Álvarez estuvo en Mérida el 22 de octubre para presentar su documental, conversar con los asistentes y, al día siguiente, propiciar un encuentro abierto y fluido con la comunidad local alrededor de la cinematografía. La relación de este creador con la península de Yucatán se remonta a sus años como estudiante del CUEC, donde se topó con un auténtico amante del séptimo arte, el yucateco Mario Helguera Bolio, realizador del documental Yaxcabá (1979) y actual programador de la videosala del Centro Cultural Olimpo. Estos y otros temas, son los que el maestro Albino comenta en entrevista para La Jornada Maya:

“La vigencia de Toledo es total. Es un hombre que está tocando intereses en un país que es poco tolerante y que vive una ola de violencia, injusticia y desigualdad. Desde joven Francisco ha sido un artista de gran compromiso social, uno de los imprescindibles; así que habrá que arropar su trabajo y sumarse a la protesta. En el documental lo que vemos es la genialidad del artista que funde su vida y su obra, pero sin dejar de mostrar los claroscuros. Yo concebí el relato cinematográfico no como un soporte al servicio de las creaciones o la personalidad de Francisco, sino como un diálogo entre dos lenguajes distintos”.

El realizador de más de 50 documentales y fundador del Taller de Experimentación de Medios Audiovisuales de la UNAM, habla también de sus proyectos a corto y mediano plazo:
“A partir del extraordinario material que resguarda la filmoteca de la UNAM, ahora estoy analizando la posibilidad de realizar un documental sobre la Generación de la Ruptura. También me interesa socializar el aprendizaje que he tenido a lo largo de mi carrera y empujar el proyecto de crear un centro de estudios cinematográficos en la Península porque pienso que Yucatán tiene un gran potencial para ello. De esto hablaré en la charla que hoy tendremos”.

Albino menciona además la importancia de fomentar una cultura cinematográfica, previa a la creación de un festival, el cual –indica– debe ser autocrítico, funcionar de forma independiente y capaz de lograr cierto arraigo entre la población:

“Todo esto tiene que ir acompañado de la creación de empleo. No es sólo que la gente vea buen cine. En México hay una comunidad de cineastas que sí están produciendo; el foco del problema está en la distribución y exhibición de las cintas. La era digital también ha hecho que mucha gente prefiera ver cine en su casa y a esto hay que sumar que se ha roto el vínculo del público con el cine mexicano. Por su dinámica, Mérida es una de las ciudades, a diferencia de la capital del país, donde aún se da el ritual de ir al cine, por eso habría que preguntarse qué se está produciendo y pensar en generar una microindustria”.

¿Cuál es el panorama actual del documental como medio de expresión dentro de las artes audiovisuales?

“El documental hace muchas décadas dejó de tener su nicho en el cine y fue apropiado por la televisión y recientemente por Internet. En los últimos años goza de fuerte prestigio en diversos foros y festivales como Ambulante o DocsDF, la cuestión es que se producen muchos documentales, pero pocos llegan a las pantallas. Pienso que además sigue existiendo el estigma de que el documental es sinónimo de cuadratura, de algo muy aburrido o especializado. Yo soy el primero en decir que esto puede ser cierto y por eso prefiero evitar las clasificaciones. Incluso cuando te planteas una historia de ficción, puedes abordarla desde un espíritu documentalista. Pienso por ejemplo en Lars Von Trier, el director y guionista danés. Diría, más bien, que el asunto está en contar relatos sin enfatizar si se trata de una ficción o un documental”.

Dispuesto a compartir, sonriente y generoso en dar su tiempo. Así es como Albino Álvarez ocupó las horas de otoño en la capital yucateca. Ya sea el trazo de Toledo, las palabras del poeta Andrés Henestrosa o la vida de los exiliados catalanes en México, él sabe que más allá del ojo existe la mirada, un aspecto. Albino es un documentalista que sale para ver lo que existe, para encontrarse con la realidad y luego, contar el nosotros invitándonos a observar en el celuloide aquello a lo que Kafka apeló con singular destreza: la inmensidad líquida, el mar de historias que el ser humano y sus sociedades llevan dentro.

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Fuentes: La Jornada Maya