Convergencia de lenguajes

Convergencia de lenguajes

Cerámica y metal en un discurso simultáneo: Tibores, jarrones, cuadros religiosos, cruces, vasijas, platones, soperas, candelabros, retablos… ¿El contenido? Temas nacionalistas, temas religiosos y personajes históricos mexicanos plasmados en la colección de objetos, fruto del trabajo de las manos de Jesús Guerrero y en exposición desde enero pasado en la sala 11-bis del museo Fernando García Ponce.

El título de la exposición, titulada precisamente “Cerámica y metal”, parece partir antes que nada de los materiales (y no así de los contenidos) de la depurada técnica artesanal y supeditar a su interés el de lo plasmado en los objetos expuestos.

En realidad, la representación de la Virgen de Guadalupe, del águila devorando a una serpiente, de Morelos, Hidalgo y doña Josefa Ortiz de Domínguez, o las conocidas imágenes del mestizaje derivadas de las “pinturas de castas” de Miguel Cabrera, entre otros, son harto conocidos en la iconografía nacional, de aquéllas que de tanto verlas acaban perdiendo su iconicidad.

La aportación de Jesús Guerrero, entonces, es la depuración de su trabajo artesanal, a la que ya hemos hecho referencia, que lo emparenta con otros trabajos de refinada técnica y que han merecido ser reunidos en muestras como la que promovió Banamex, muy conocida como “Grandes maestros del arte popular mexicano”. Sin embargo, tengamos en cuenta que no pocos se preguntarán la pertinencia de una colección como ésta en un museo con vocación de vanguardia y arte contemporáneo.

Sin fronteras

La respuesta —ya sea que se esté de acuerdo o no— puede tener muchos caminos, uno de ellos atenerse a la idea de la hoja de sala de la exposición, firmada por Guillermo Schmidhumer, que hace hincapié en la eliminación de las fronteras entre la artesanía y el arte: “En el mundo posmoderno no hay división entre la llamada alta cultura y la cultura popular. En Jalisco, varios artistas han intentado borrar esa oposición. Jesús Guerrero Santos elabora un arte que es artesanía y una artesanía que es arte […] Son obras de un artista-artesano que ha logrado construir vasos comunicantes entre el mundo cotidiano del utensilio y el mundo de lo sagrado…”.

En la Bauhaus, por ejemplo, la formación del maestro artesano constituía una parte esencial del concepto de reformas antiacadémicas de la escuela de Weimar. En las primeras líneas de su manifiesto, firmado por Walter Gropius, se lee “¡Arquitectos, escultores, pintores, todos debemos volver a la artesanía! Pues no existe un ‘arte como profesión’. No existe ninguna diferencia esencial entre el artista y el artesano”. Claro que ya ha pasado casi un siglo de este hecho y debe leerse en perspectiva.

Por lo mismo, quizá nuestro presente deba ser más incluyente aún.

Debate superado

Con respecto a la cerámica, lenguajes menos convencionales han ocupado lugar en el Macay a lo largo de su historia en diversas muestras, de la mano de artistas como Rosario Guillermo, Rebeca Huerta, Julio Villagrán Juárez, Adán Paredes, Gustavo Pérez, Gladys Díaz Negrón, Diana Mendieta y Colleen Casey, entre otros.

Es decir, está más que superado el antiguo debate entre materiales “artísticos” y “no artísticos”.

En la obra de Jesús Guerrero, como ya mencionamos, más allá de la idea la técnica resulta magnética para el espectador, quien se detiene a observar la delicadeza de una talavera, la grácil fragilidad de un ángel, el bruñido impecable de un relieve metálico, la pureza del color de un platón que jamás se usará de modo alguno distinto al del decorativo, la armonía de una greca de cerámica vidriada, y la vinculación estética de las figuras que miramos con modelos tradicionales (Renacimiento, Barroco…) a los que la mirada está muy habituada, fruto del consumo cotidiano e histórico.

En suma, son objetos bellos, plenamente logrados, que como tales cumplen una indudable función estética y placentera, y refuerzan el valor de la expresión popular y la importancia de su promoción, preservación e investigación, actividad a la que se ha dedicado Jesús Guerrero Santos en las últimas décadas, además de su producción.

La exposición se visita en el Museo García Ponce-Macay de miércoles a lunes. Entrada gratuita.
 

Fuentes: Diario de Yucatán