Renata Gerlero, el agua y su sombra

Renata Gerlero, el agua y su sombra

El agua hace de las suyas: se cuela, se filtra, flota… la respiramos cuando está convertida en microscópicas partículas y vulneramos su incipiente transición al estado sólido cuando resquebrajamos con la yema de los dedos un recipiente con el líquido puesto a congelar. El agua está en todas partes: ocupa las tres cuartas partes de nuestro planeta y es un bien preciadísimo. De culto ancestral, civilizaciones de todos los tiempos la han deificado y consagrado en sus rituales y sistemas de creencias. Y todavía hoy forma parte aún de emblemáticos ritos de purificación e iniciación.

El agua también es poderosa: erosiona, destruye y construye; salva y condena.

Hay aguas dulces que caen del cielo y “aguas amargas”, de los abismos. En fin, que, como la misma autora de “Tiempos líquidos” ha dicho, el agua puede contener en sí misma todo el orden o todo el caos, en su gran dualidad, su ambivalencia plena.

Todo esto se pone de manifiesto en la obra de Renata Gerlero. Pero no sólo esto. También está la cualidad visible y estética del agua, su discursiva naturaleza, su inefable ductilidad, su hipnótica capacidad de ir y volver, como en el oleaje, y de formar rizos, curvas, ondas, grecas y formas que van y vienen, que vuelven y se retiran.

Para Renata, es una oportunidad de emplear la gráfica, recursos de dibujo, escultura y fotografía en un solo proyecto. Básicamente su técnica es aguatinta (realizada con varias placas) con eventual uso de transfers fotográficos, para obtener ciertos resultados específicos.

En palabras de José Manuel Springer en la hoja de sala y con respecto a esta cualidad en la hechura, “Renata Gerlero utiliza los elementos de las técnicas artísticas del grabado para dar expresión estética a las diversas formaciones acuáticas y las huellas que éstas dejan sobre la superficie en desiertos, superficies líquidas y cristales. Cada grabado demuestra la acción del líquido con el paso del tiempo y la acción física del material”.

En efecto, en cada una de las piezas expuestas, el espectador puede reconocer diferentes momentos en la vida del agua: superficies rizadas por vientos suaves, oleajes sugeridos, calmos asentamientos del líquido y coincidencias exactas visuales con el poético y aún vigente verbo rielar: “la luna en el mar riela, en la popa gime el viento…”.

Al mismo tiempo, observará sin duda el acabado técnico y los ensayos mixtos con transfer fotográfico realizados por la artista visual, todo en una propuesta prácticamente monocromática —con algunas excepciones— y donde la abstracción visible transcurre tomada de la mano de una invisible figuración, tan soterrada como auténtica.

Para concluir, aunque hemos hablado sobre todo de agua, no olvidemos que la exposición de Renata se llama “Tiempos líquidos”, nombre que diversifica mucho más la naturaleza del tema, que puede referirse a la inmensidad del mar, a un combustible, un frasco de tinta, una copa de alcohol… o al microscópico universo de una lágrima o incluso al íntimo espacio protegido por el líquido amniótico en el que flota la vida.

Fuentes: Diario de Yucatán