Toda construcción es una autoconstrucción. No se puede separar al sujeto del objeto. Viceversa sí que se puede, pero es un proceso más complejo y, a veces, infructuoso.
Aunque Derrida diría que toda construcción implica una deconstrucción primero. Bueno, entonces: toda construcción es una deconstrucción y es una autoconstrucción; entendiendo que todo producto humano, bajo la voluntad de ser elaborado, representa una extensión del creador; el terrenal, no el metafórico.
Hay un encuentro en vídeo entre Mario Bellatin y Abraham Cruzvillegas, una cosa curiosísima, mientras las respuestas del primero se veían cada vez más tendenciosas hacia lo lúdico y la ironía, las del segundo se veían cada vez más dirigidas hacia la justificación de su proceso y de su obra; de buena manera, quiero decir (al menos, discursivamente) quizá el proceso de pensamiento sea más diferente de lo que creemos dada la posición que asumimos en el mundo: el primero es un escritor encumbrado, artista visual a veces y escritor de operetas otras tantas; el segundo es un artista visual encumbrado y autoproclamado en toda la extensión de la palabra, que escribe a veces. Quizá ahí resida el parámetro de voluntad para enfrentar entrevistas con los medios.
Lo que quiero decir es lo siguiente: la notable diferencia discursiva entre el uno y el otro para las mismas preguntas (sobre sus proceso creativos, sus momentos de inspiración, sus metodologías) denotan, probablemente sus paradigmas: lo de Bellatin es sesudo en lo verbal; lo de Cruzvillegas parece más emocional, más sintiente, más visceral.
Cuando la gente me pregunta qué hago (y asumo que preguntan eso de manera general y políticamente correcta, cuando lo hacen) a veces me limito a contestar que soy “tal profesión, tal cosa que hago comúnmente”; no encuentro sentido en explicar todas las cosas aparentemente disímiles que hago para vivir/disfrutar/gastar/cumplir/morir. Quizá deberíamos autoproclamarnos diariamente. Abraham Cruzvillegas (Ciudad de México, 1968) es un caso extrañísimo en el arte, un tipo con una suerte inconmensurable que ha encontrado un espacio de trabajo generosísimo en un vacío que nadie más había aprovechado, al menos no como él. Uno de los referentes de la nueva ola latinoamericana de arte abstracto. Un autoproclamado autodidacta. Un autoconstructor. Un autoartista. Un autoavanzado.
El proceso creativo de Abraham Cruzvillegas, denominado autoconstrucción, remite a la manera en la que los pobladores de las colonias populares en las faldas del Ajusco construyeron sus casas. Una reminiscencia absolutamente personal para el artista pero con significantes sociales innegables; la gente allá afuera encuentra la manera de construirse, todos los días, no se necesitan arquitectos ni mármol europeo, el material para la construcción siempre ha estado aquí, a nuestros pies, alrededor, en todos lados, utilicémosle, construyámonos a través del medio al alcance. Así que Cruzvillegas construye su obra (que incluye la pintura, la instalación, el vídeo y la escultura) a partir de materiales locales y objetos que va acumulando durante determinado tiempo mientras la gestión de la obra.
Aquí es cuando el discurso pareciera visceral, pareciera que el artista le va otorgando voluntad a la obra en construcción para que pueda alcanzar su forma final, una suerte de improvisación voluntaria. Pero cuidado, la improvisación no implica el caos necesariamente, como en el jazz, la improvisación de Cruzvillegas alcanza estructuras inauditas, como en el jazz, la estructura puede más o menos repetirse si se tiene buen oído.
La estructura, no la sensación, ésa es irrepetible.
Estoy seguro de que tenía una revista dedicada a Cruzvillegas en casa; ya la puse de cabeza y no aparece. Perdí 53 minutos de tiempo buscándola. En ella aparecía una historia graciosa sobre el “Taller de los Viernes” y la tutela de Gabriel Orozco. Una lástima. Se obviará la influencia orozconiana entonces. Se centrará en la construcción del reconocimiento propio del artista en cuestión entonces.
Cruzvillegas es pues, uno de los artistas latinoamericanos más importantes de la última década. Ya no necesita autoproclamarse nada. El medio le ha proclamado ya innumerables veces. Qué bueno.— Ricardo Javier Martínez Sánchez para “El Macay en la cultura”
Sobre al artista Datos
Las obras de Abraham Cruzvillegas han formado parte de las bienales más importantes del mundo.
En el extranjero
El proyecto “Autoconstrucción y sus múltiples vertientes” sigue vigente. Su obra ha sido expuesta en Ciudad de México, Munich, Lima, Nueva York y Glasgow, entre otras. Recientemente, en la Tate Modern se expuso de él “Empty Lot”, una escultura monstruosa perfectamente simétrica con 240 macetas triangulares con tierra recolectada de distintos parques de Londres.
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Cruzvillegas y la autoconstrucción

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