De arquitecto a artista: Francis Alÿs y el arte de colonizar y ser colonizado

De arquitecto a artista: Francis Alÿs y el arte de colonizar y ser colonizado

Reconocerse en una ciudad/persona/cultura/disciplina es un juego repetitivo y siniestro: una tendencia a colonizar, a poseer, a crecer en el otro que —pobre— no opone la suficiente resistencia, y que si la opone nos obliga a replantear nuestros métodos para finalmente ganar o sucumbir al fracaso y a la insatisfacción entonces. Como colonizadores estamos destinados a perder, al final, lo que con base en rudeza e imposición y ruptura y disonancia se logró ganar, se emancipará, eventualmente, víctima del anhelo de independencia y libertad, exclusivamente para ser colonizados una vez más. Y otra. Y otra. Y otra vez.

A veces las colonias se quedan en títulos, anhelos y presencias lejanas: una bandera clavada en el ombligo que parece decir, mientras ondea, “estuve a punto de morir por ti; invertí tanto, ¡retribúyeme hasta que ya no te quede nada, hasta que te seques!”. Los territorios son para conquistarse, hasta secarlos o hasta que se embarquen en la búsqueda, de nuevo, de otra libertad. Y otra. Y otra. Y otra.

La historia resumida sobre la vida y decisiones personales de Francis Alÿs (Amberes, 1959) es bien conocida: para evitar el servicio militar en Bruselas se embarca en un proyecto de ayuda en Ciudad de México tras el desastre que significó el terremoto de 1985. Por diferentes circunstancias le es imposible regresar a su país como lo había previsto, por lo que se ve obligado a pasar su tiempo libre en una ciudad a la que le sobra de todo, menos tiempo libre.

¿Qué hace un arquitecto joven en la ciudad más grande del mundo y que parece zona de guerra (oh, la ironía) sin ninguna otra responsabilidad que la de subsistir?

Bueno, a Alÿs se le ocurrieron varias cosas que a la postre comenzarían a gestarse como proyectos artísticos serios. Similar a lo que ocurrió con Baudelaire y su spleen: la gran ciudad y su transformación (París o México) fungen como escenarios para la metamorfosis del artista y su obra.

Así, Alÿs ya instalado y contrariado por el escenario y choque de culturas potencializa el impacto de lo habitual: notables entre habitantes cercanos a su estudio fueron sus obras “The Collector” (1991) y “Sometimes Making Something Leads to Nothing” (1997); la primera consistía en pasear a un perro de hojalata por la calle, completamente imantado para que fuera recogiendo los desechos metálicos que encontraba a su paso; la segunda, empujar durante más de doce horas un bloque de hielo hasta que, por la propia naturaleza del objeto, terminara por derretirse.

Juegos, si se quiere, pero que impactaron directamente a los observadores y a los espacios en los que se conjugaron. Sus obras tempranas no son más que un preámbulo para los grandísimos proyectos que llevaría a cabo después: “Don’t Cross the Bridge Before You Get to the River” (2008) es la evidencia de un esfuerzo descomunal, tras un intento fallido por establecer un puente hecho de barcos entre Cuba y Florida (el intento, debía saberse, sería infructuoso materialmente). Alÿs traslada la idea al estrecho de Gibraltar, cientos de niños en España y Marruecos, desde sus respectivas costas, construyeron pequeños veleros que flotaban gracias a que estaban hechos de plásticos de sandalias y babuchas; el puente se extendía lo más posible para unirse simbólicamente en el horizonte.

La evidencia y el simbolismo de la obra van desde lo conmovedor (los niños como representantes ingenuos pero ávidos por colonizar y, por lo tanto, por sobrevivir) hasta la crítica política y económica: un puente simbólico e irrepetible entre dos naciones con siglos de rencillas. Las evidencias de la obra abarcan la pintura, el vídeo, la escultura y el performance.

En “Tornado” (2000-2010) Alÿs registra decenas de fotografías-secuencias, donde él mismo se inmiscuye en la espera y el riesgo de adentrarse a pequeños tornados ocurridos en diferentes parajes del territorio mexicano. El resultado es impactante y espectacular: el individuo buscando voluntariamente el caos como redención; una redención de una estética inconmensurable.

Alÿs ha formado parte de numerosas exhibiciones internacionales (Australia, Buenos Aires, Londres) y ha obtenido reconocimientos de alto calibre. Ha sido catalogado como uno de los artistas más importantes por distintas publicaciones, que dan cuenta del innegable impacto que ha tenido el artista en el ámbito.

Fuentes: Diario de Yucatán