El pintor David Sierra y sus pactos con la guerra: muestra de la evolución de su estilo y técnica

El pintor David Sierra y sus pactos con la guerra: muestra de la evolución de su estilo y técnica

La guerra es la máxima expresión del conflicto y el conflicto es absolutamente necesario para el surgimiento de nuevos algos y, si no imperativo, sí inevitable. La naturaleza humana (buena, mala, regular, moldeada, ingenua, perversa) tiende al conflicto. Somos “El conflicto”. Abracémoslo y hagamos con éste algo que redima la inversión en la costosa maquinaria.

Pensemos, pues, en las grandes rupturas artísticas: siempre surgidas a partir del conflicto: personal, paradigmático, ideológico, cosmológico, político, personal, siempre es personal; pero no importa, todo es personal y las personas se abrazan. Como debemos hacerlo con el conflicto.

Pensemos también en las grandes escuelas filosóficas: las grandes teorías y las ideas que han movido a las masas son consecuencia del brete. ¿Por qué su adoptamos el conflicto como motor de avance cultural también adoptamos la postura de la evasión como primer mecanismo de defensa?

David Sierra (Mérida, 1959) y la guerra han ido de la mano desde hace varios años. En la búsqueda de un statement contundente que sea entendido no sólo como una declaración, sino como una reacción y una acción en contra de la beligerancia y su armatoste económico, el artista ha recorrido una experimentación variopinta.

La exposición “Bisnes de la guerra” intenta dar muestra de ello: setenta y cinco piezas inundan la galería y nos cuentan el camino del artista hacia la contundencia que hoy refleja su trabajo.

La muestra contempla pintura y escultura. Las piezas pictóricas reflejan un fenómeno particular: el estilo y la técnica de Sierra son evidentemente cambiantes en el tiempo, mientras que una configuración de obras emparentadas en un mismo período se pueden ver influencias surrealistas y cubistas; en otra pared el asunto se torna absolutamente sombrío, una suerte de retratos sobre las consecuencias personificadas de la guerra. El acervo pictórico en la galería es vastísimo. Pareciera, a veces, que estamos frente a la obra de un colectivo.

Después vienen las esculturas o antes o en medio. Lo que quiero decir es que las esculturas contenidas en la muestra son apabullantes. De índole simbolista, Sierra talla sobre madera, pega, diseña, trama y dispone para terminar entregando objetos singularísimos. Hay en el resultado un evidente discurso antibélico que resulta incluso erótico. La composición de las esculturas se expande por toda la galería; es un contraste interesante, mientras que en la observación de las pinturas uno debe mantenerse a cierta distancia y parecer un observador que intenta discernir el discurso entre líneas (o trazos), en la experiencia de contemplación en las esculturas se tiene que hacer todo lo contrario, darle vuelta, hacer como que tocas ese extrañísimo objeto con aspas que parece va a salir volando y echará bombas por todo el museo.

Pero no sólo es el impacto: es el discurso. Siempre el discurso. A pesar de las diferencias de técnica y estilo a través de los años, el hilo conductor, la temática de guerra es la que perdura.

En la variedad y la evolución parece que Sierra, al final, encontró la contundencia anhelada: el espectador sabe que ha sido partícipe de una declaración directa, extraña, sí, simbólica, sí, pero directa: a David Sierra no le gusta la guerra o le gusta por lo que le provoca, no por lo que significa.

En todo caso, las guerras deberían ser individuales. Las batallas con uno mismo son siempre de justo vencedor. Que el conflicto no se acabe nunca.

Fuentes: Diario de Yucatán