Junto a los grandes artistas jaliscienses, existe otro triunfo excepcional del estado de Jalisco. No es un laurel individual sino uno colectivo: la artesanía jalisciense. Las mejores manos alfareras de los antiguos mexicanos fueron las de los habitantes de occidente de México. Como prueba de ello destacan la artesanía tradicional de Teuchitlán y las colecciones de los museos Metropolitano de Arte de Nueva York y de Historia Natural de esa ciudad y algunos otros de Europa. Frida Kahlo y Diego Rivera disfrutaron de su colección arqueológica privada de las culturas de occidente y pintaron algunas de las piezas, como los mal llamados perritos de Colima, que también son patrimonio de los antiguos habitantes del centro-occidente del actual México.
En el mundo posmoderno no hay división entre la llamada alta cultura y la cultura popular. En Jalisco, varios artistas han intentado borrar esa oposición. Jesús Guerrero Santos elabora un arte que es artesanía y una artesanía que es arte: cerámica neo barroca que, con imágenes de vírgenes, santos y ángeles, incluye candelabros, cajas y altares. Son obras de un artista- artesano que ha logrado construir vasos comunicantes entre el mundo cotidiano del utensilio y el mundo de lo sagrado, y que ha utilizado técnicas azules de Talavera. Con la labor de dedos cuasi monacales, por su delicadeza, el cariño de la creación determina el logro, desde un pequeño candelabro hasta un relicario beatificante o un altar papal.
Guillermo Schmidhumer

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