En teoría, el cosmos crece sin parar, se expande; Rafael Rabec siembra una apología con esta aseveración a través de su trayectoria como artista plástico, seguro desconoce de reglas, ataduras a estilos, corrientes o líneas antepuestas. Deja a la libertad, la posibilidad inherente de escoger los materiales, tiempos y formas que le plazcan, o bien, que tenga a su alcance, para darnos un tsunami de colores, texturas, imágenes de naturaleza expresivas llenas de situaciones, encantos y de emociones encontradas derrochadas en arte puro de sentimiento único, inaudito y sincero consigo mismo y con su entorno.
Mas aún, la vida de Rafael Rabec le ha hecho experimentar momentos sublimes, llenos de emociones, donde él a sido testigo de que las distancias aumentan, del frío que se intensifica en la piel y que la oscuridad galopa hacia él, tratándolo de cubrir en su manto tenebroso de asedio y olvido; pero como el cosmos, él ha de renacer bajo una creatividad hilarante, siempre siendo congruente consigo mismo, llevándolo, simplemente a reinventarse, a cambiar en esencia, comprometido con lo que siente, eliminando cualquier camino mezquino que lo postre en un futuro sombrío.
Amor a la vida y ser fiel a sus convicciones y sentimientos lo convierte sin duda alguna en un derrochador de virtuosismo en la plástica, demostrado en una implosión de arte, semejante a un colapso cósmico.
Rabec, en su apuesta por presentarnos la idea del cosmos, nos ha secuestrado en azarosos viajes por el tejido del universo -o multiverso-, que aun peligroso no escatima en dejarnos ver y sentir la entrega total de lo creado. De vez en cuando, transitaremos por grandes planetas, o bien, por galaxias plagadas de agujeros negros o de enjambres de asteroides, auténticos campos de minas en el espacio.
Alejandro Becerril

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