El retrato es un proceso de trabajo, aprendizaje, un diálogo, inclusive de silencios, unaconversación de miradas, de intensidades, en la que siempre hay un espacio para la ternura yla vida.Sin duda, Rogelio Cuéllar estaría de acuerdo con esta afirmación de su admirado Karsh: “El corazón y la mente son las verdaderas lentes de la cámara”.El misterio que el retrato parece revelar va del deseo a la mirada a la imagen. Quizás de ahíderive la confesión de Skrebneski sobre que los retratos son las fotografías más íntimas. Perono sólo la intimidad entre el fotógrafo y el retratado; también la intimidad puesta en juego delespectador.Por eso la insistencia de Rogelio Cuéllar cuando alguien papalotea y no pone atención a lacámara: “Si no me mira, no hay foto”. El contacto. El diálogo, el tacto de miradas. Sinestesias del deseo. ¿Acaso no decía sor Juana “óyeme con los ojos”? El retrato: desnudez, transparencia, encuentro de miradas: el goce restituido: convergenciasde luz.
Para Rogelio Cuéllar hay una fascinación por retratar creadores: “Aprendo mucho de ellos, me inquietan, me motivan. Aunque conozca su obra, el libro, el cuadro, la escultura, estoy ante un universo desconocido y mi encuentro con ellos es un misterio del que surge una riqueza maravillosa”.“En mi trabajo con los creadores no existe la fotografía construida. Busco que nuestro encuentro sea muy cotidiano, muy familiar, y esto me permite hacer un trabajo transparente. Las personas que fotografío logran verse a través de mis retratos. Para lograr esto debo conseguir un diálogo, una comunicación a manera de complicidad con los creadores para no sólo obtener una fotografía circunstancial. Ellos saben lo que busco: no es tanto la pose sino mostrarlos de forma que su retrato pueda ser perpetuo, con luz natural, sin artificiosidad. ”
Rogelio Cuéllar ha hecho retratos considerados clásicos de los más importantes escritores mexicanos: Ahí está para siempre el rostro tímido hasta la hosquedad, de “niño castigado”, de Juan Rulfo. Ahí, la puerta que se abre/se cierra con Octavio Paz saludando/despidiéndose eternamente. Ahí, Carlos Fuentes perenne y jovial en su estudio. Ahí, un José Emilio Pacheco guareciéndose entre un paisaje accidentado de cientos de libros. Su experiencia en el retrato de creadores lo lleva a diferenciar: “Los artistas visuales son más expresivos, más teatrales. Los escritores, tal vez por la naturaleza de su trabajo, son más cerrados. Su universo es másíntimo, más privado. Ningún escritor me ha cocinado o ha bailado para mí como sí lo hicieron los pintores Gironella o Aceves Navarro”.
Ana Clavel
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El Rostro de la Plástica 1974 - 2011
Salas 9 y 10

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