Silvia, la ciudad y sus voces

Silvia, la ciudad y sus voces

Silvia Madrid ha dicho de sí misma que ella es una natural habitante de la ciudad. Es más, lo dice siempre: “Me gustan las calles, los cafés, los edificios”. No añora el campo ni la playa.

Para ella la ciudad es un organismo vivo al que habita y que al mismo tiempo nos habita a los ciudadanos, y también un espacio lleno de elementos simbólicos que intentamos escudriñar y revelar en nuestra vida diaria.

Y cuando el ser humano y urbano quiere ser observador de la ciudad es también un espectador de historias que se cuentan solas, sobre el tendido guión de las arterias de asfalto. Tras varios años, la obra de Silvia Madrid (artista visual, ceramista, promotora cultural) regresa al Macay, a la sala 9, ahora con la colección “Cuando nos habla la ciudad”, una serie de impresiones digitales resultado de la suma de técnicas tradicionales y digitales.

Con esta serie de ejercicios de resultado más bien abstracto, diferente en discurso visual a la figurativa colección de fotografía intervenida que presentó en 2005, Silvia Madrid sin embargo es constante en esta ya mencionada experimentación y combinación de técnicas antiguas y actuales.

Y temáticamente hay continuidad también al invocar nuevamente a los mismos denominadores comunes: la ciudad con sus habitantes, sus ventanas, sus ruidos y silencios, sus luces y sus sombras. La selección de elementos para las construcciones visuales de Silvia, luego traducidas a formatos mayores en las impresiones digitales, suman segmentos geométricos irregulares con elementos figurativos reconocibles, colores fríos o cálidos, aunque generalmente intensos; formatos horizontales, salvo por la instalación (una estructura semipiramidal, con elementos homólogos a la obra de dos dimensiones) y siempre o casi siempre, inserciones de texto.

En estas últimas, veladamente y no tanto, hay un segundo discurso simultáneo, en el cual las citas nada azarosas, recortes de revistas y de prensa parecen dar voz a un llamado de atención de la autora en torno a debates públicos contemporáneos y temas polémicos que nuestras sociedades contemporáneas enfrentan, en ésta y en cualquier ciudad; en éste y en cualquier país: “Fiesta alta (suicidio mental)”, “Yo soy 132″, “Un pueblo no debe temer al gobierno, el gobierno es el que debe temer al pueblo” y otras citas semejantes, acompañadas además de elementos cargados de semántica como una pluma, una calavera, un ala, una foto, un papel de envoltura, un segmento de un artículo en inglés sobre la feria de arte Arco y otras sugerentes citas. De pronto, llama la atención la presencia recurrente de los tags o etiquetas conocidos como códigos QR (“quick response code” o “códigos de respuesta rápida”), esos cuadritos blancos y negros que las facturas, documentos y productos comerciales llevan ahora para su identificación, además de los antiguos códigos de barra. Cada obra tiene su propia etiqueta como para recordarnos que hoy día no hay escapatoria ni anonimato y que en la ciudad todo tiene -y todos tenemos- algún tipo de etiqueta, y que todo -o casi- lo referente a ese producto etiquetado está a nuestro alcance a través de este código de barras bidimensional que nos conecta con la infinita y temible internet. Así ha seleccionado Silvia, para su hoja de sala, un texto de Octavio Paz que en algunos segmentos sentencia: “.hablo de la ciudad construida por los muertos, habitada por sus tercos fantasmas, regida por su despótica memoria [...] hablo de los edificios de cantería y de mármol, de cemento, vidrio, hierro, del gentío en los vestíbulos y portales, de los elevadores que suben y bajan como el mercurio en los termómetros [...] de las ratas en el albañal y de los gorriones valientes que anidan en los alambres, en las cornisas y en los árboles martirizados”.

De esa ciudad es la que Silvia Madrid deconstruye y rearma con sus manos y sus búsquedas. Ésa es la ciudad que habla, que demanda, que exige, que calla porque ya no hay remedio, y que también agradece, que también celebra. Esa ciudad de Octavio Paz y de Silvia Madrid y tuya y mía. esa ciudad que nos habita.- María Teresa Mézquita Méndez

Fuentes: Diario de Yucatán