El proceso estaba por encima de la obra para Criado
Para muchos, el arte contemporáneo resulta complejo, nada fácil de digerir. Tras la Segunda Guerra Mundial, nuevos dispositivos y recursos entran a escena provocando la resignificación y reinterpretación del arte, una vez más se pretende romper con el academicismo y acercar al espectador, provocar una experiencia estética, entendida como una actividad de interacción abierta al diálogo. Paradójicamente y pese a encontrarse con objetos y materiales cotidianos, el espectador no termina de comprender lo que ve. Nacho Criado (Mengibar, 1943) es considerado una de las figuras más importantes del arte contemporáneo español. Sus primeras piezas manifiestan una clara influencia del arte povera (arte pobre), trabajaba principalmente con materiales de desecho, en los años sesenta recogía maderas apolilladas para realizar sus esculturas; la gente se reía de él.
Desde sus inicios, a Criado le obsesionaba el tiempo, la influencia de los factores externos en el arte; para él siempre fue más importante el proceso que la obra en sí, arte conceptual.
Estudió arquitectura en Madrid y posteriormente sociología en Barcelona, donde tuvo su primer y único estudio en Vallvidriera.
En 1970 y de vuelta en Madrid, realiza su primera exposición individual. Ese año Mark Rothko se suicida y Nacho Criado le dedica la exposición. No sería la única vez que el artista dedicase o inspirase su obra en esos grandes que admiraba: Marcel Duchamp (“Prèt-A-Porter”, 1976-2012), Samuel Beckett (“Entre la partida y la llegada la única aventura posible es el naufragio”, 1997), y Bruno Taut (“La herida alpina”, 1991), entre otros.
Su trayectoria se define por la experimentación. Considerado un artista minimalista, Nacho opone a la etiqueta, asegurando que su arte no se rige por el minimalismo sino por el procesualismo. Se trataba de piezas en proceso de construcción, hablaba de “agentes colaboradores”, como los elementos atmosféricos, los accidentes, los microorganismos y el propio espectador, claves en la transformación y evolución de la obra, la cual consideraba viva.
La variedad de medios y prácticas artísticas que utilizó van de la escultura al arte acción, pasando por la fotografía, el vídeo, el land art y la instalación. Sus monumentales y características esculturas de hierro y cristal han generado un sin fin de imitaciones.
Algunas de sus piezas son “YZ” (1968) en la que trabaja con maderas apolilladas; “In/digestión” (1973-1976), que propone un ejemplar de “La Gaceta del Arte” expuesta a la acción de las polillas; “Ellos no pueden venir esta noche…” (1991), compuesta por paneles rectangulares de vidrio ensamblados y cañas de pescar que simulan sostenerlos; “Umbra Zenobia” (1991), instalación concebida específicamente para el Palacio de Cristal, en cuyas paredes de vidrio el artista colocó un criadero de hongos; “Trasvase” (1991), compuesta por catorce mil cuatrocientas botellas, alineadas de manera repetitiva, alternando negras e incoloras.
Con su obra, Nacho Criado dejó un influyente legado de conceptos como tiempo, cambio, proceso, movimiento, duración y cuerpo. Su trabajo formó parte de importantes exposiciones en ciudades como Barcelona, Sevilla, Valladolid, Liubliana y Guadalajara (México). En España recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2008) y el Premio Nacional de Artes Plásticas (2009). Nacho Criado vivió en Madrid de 1969 hasta su muerte en 2010.- Aída Barrera Pino

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