Ortegón, su genio y figura

Ortegón, su genio y figura

El fallecido pintor deja su huella en una generación

Nunca será suficiente, nunca sobra el recuerdo de los desaparecidos.

Y precisamente es al recuerdo de artistas fallecidos, como ya se ha informado, al que dedica el Macay varias de sus salas en las colecciones expuestas en el período abril-junio: Víctor Rendón, los grabadores Jaime Castellanos y Shusaku Arakawa y el pintor Eduardo Ortegón.

Sobre la obra y figura de Ortegón, ya Jorge Cortés Ancona hace precisa alusión en la hoja de sala que acompaña la muestra, en la que describe, al hablar del fallecido pintor, la mayor amplitud expresiva y estilística de éste en la pintura abstracta y su buen desempeño más eventual en la expresión figurativa, así como su temperamento particular y su participación en una generación de pintores entre los cuales hay varios de formación autodidacta, como él, quienes no obstante representaron a un importante movimiento plástico en el Yucatán de las últimas décadas del siglo XX.

A su fallecimiento, artistas, escritores y bohemios contemporáneos le dedicaron líneas y escritos, alguna mesa panel y un homenaje. Posteriormente, durante una celebración de aniversario, la Facultad de Arquitectura presentó una exposición de su obra, siempre presente en muestras colectivas y eventualmente en exposiciones individuales en las que el pintor desarrollaba varias series de propuestas estéticas.

En el Macay

La exposición incluye una docena de obras de dimensiones medianas a grandes, sin título, realizadas en acrílico sobre tela y de tendencia abstracta, como la mayoría de su trabajo. Dos acrílicos corresponden a sus períodos pictóricos de los años 90, época en la cual tuvo más apego a la pintura orgánica y al desarrollo de la mancha; o bien al ejercicio de pequeños bloques de trazos repetitivos y colocados como en un rompecabezas abstracto, respectivamente. Sin embargo, como rasgo general se puede observar en su obra la paleta más cercana de los tonos fríos, a los contrastes de zonas luminosas y oscuras, y a los detalles, como ha dicho el crítico Luis Carlos Emerich, que parecerían floraciones de color.

Su última exposición en el Macay fue en el año 2000 y se presentó en la Sala 1, donde expuso ocho trabajos de gran formato que indagaron nuevos lenguajes de color… juegos con cierta morfología emparentada con los artistas del surrealismo abstracto y las neoabstracciones del informalismo. Su exposición en ese entonces se tituló “Luz, sombra y abstracción”.

Quienes le conocimos, recordaremos siempre a Eduardo Ortegón Casares (1947-2007) “el flaco”, y a todo lo que él representaba… a su figura menuda y huesuda, su sonrisa permanente, su naturaleza afectuosa, sus tan humanos vicios y sobre todo, su pintura vibrante e intensa… Así, en su exposición, ahora en la sala 1 del Macay, no sólo se invoca al artista, al color y a la abstracción, sino con él a toda una época de la pintura en Yucatán, a todo un colectivo y una generación. Y por supuesto, a la nostalgia.- María Teresa Mézquita Méndez.

Fuentes: Diario de Yucatán