Acercamiento a su producción en salas del museo
Visualmente rica, diversa y heterogénea y sobre todo profundamente representativa de la prolífica carrera de Gustavo Arias Murueta es la exposición “Arias Murueta, una trayectoria de 50 años” que se puede conocer en el Macay y que brinda la oportunidad de un acercamiento a la producción de este artista contemporáneo y al mismo tiempo emblemático en la historia de la pintura mexicana del siglo XX y XXI.
La muestra, como se ha informado, incluye 56 obras del maestro realizadas en diversas técnicas, desde óleo sobre tela, cartulina y cartón, fibracel y polipropileno, además de técnicas mixtas y serigrafía.
Pero más allá de las técnicas, lo interesante para el espectador es poder reconocer cómo este desarrollo de imágenes en su mayoría abstractas o de tendencia informalista -a partir del uso del mismo material en soportes variados- brinda notables resultados también divergentes y sino precisamente experimentales, dada la experiencia del autor, sí reveladores de su incansable renovación y reinvención de sus propios lenguajes a lo largo de toda su trayectoria.
Muchos de ellos fruto de su trabajo reciente (hay varias piezas del 2013) la serie de propuestas pictórica de Arias Murueta refrendan su lenguaje armónico y severo y al mismo tiempo notablemente gozoso: parece percibirse en su manejo del color y su trazo largo y untuoso el placer de una producción cuyo proceso, nos atrevemos a opinar, ha de ser gozoso también de mirar para el espectador de su proceso creativo.
El color
Sin un denominador común en el colorido, aunque un cierto predominio por no usar gamas mixtas, Arias puede elegir matices fríos para algunos proyectos con abundantes variaciones de violetas y azules, o bien cálidos para otros lienzos, donde predominan los amarillos y naranjas, y también obras monocromáticas o apenas coloreadas con tonos neutros. Y en términos generales, sin embargo, hay una notable libertad en su elección tonal con predominio de la luminosidad.
En términos compositivos, la experimentación abstracta del maestro Arias parece interesarse en las posibilidades de la abstracción lírica y el lenguaje interno de los vericuetos de sus estructuras que son como formaciones nudosas, manchas y zonas de color envolventes que parecen crecer del centro de los lienzos hacia los márgenes como si fueran organismos vivientes alimentados de luz, que lentamente se hinchan hacia afuera.
También tiene apariciones geométricas de objetos en primera instancia reconocibles pero que desde su contexto parecen más una sugerencia metafórica o una evocación poética, como en la serie de “cartas”.
Nacido en el siglo XX, Arias Murueta parece compartir aún hoy día en su estética los rasgos fundamentales de las vanguardias que lo acompañaron en su proceso de consolidación artística, y no solamente en su aspecto sino en su punto de partida conceptual también. Títulos como “Elementos para una crucifixión” por ejemplo, remite de inmediato a un título semejante de Francis Bacon (Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión), cuya figuración atormentada, por el contrario, no parece ser una influencia evidente en el trabajo de Arias. También se perfila su interés por las ciudades clásicas y sale a flote su formación de arquitecto como en las series “Atenas” y “Florencia”.
Pero para conocer su trabajo definitivamente hay que visitar su obra en las salas 9, 10 y 11 del Macay, recinto yucateco que le reconoce su amplia trayectoria y que permite hacer un recorrido, no sólo por la obra de un experimentado creador sino también y de alguna manera por toda una vida de producción artística, ya que el trabajo de hoy, tan seguro ya gracias en el crisol de la experiencia, es también un testimonio de una historia personal de trabajo y permanencia en las artes visuales mexicanas.- María Teresa Mézquita Méndez.

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