Apuntes sobre la visión fotográfica de Lola Álvarez Bravo
De la misma manera que sucedió con el grabado, llegó un momento en el cual la fotografía ya no era solamente una herramienta de registro de la imagen o un recurso testimonial.
El fenómeno se precipitó con la llegada de la fotografía a color, las instantáneas, la Polaroid, las cámaras fotográficas portátiles y qué decir de los tiempos actuales en los que en cada teléfono móvil hay una cámara fotográfica y una minicomputadora con aplicaciones que permiten manipular casi mágicamente la imagen.
Toda esta revolución tecnológica amplió la diversidad de usos y lenguajes de la fotografía y fue así como llegamos a la fotografía testimonial, artística y periodística, en la que más allá de la tecnología es el ojo del fotógrafo el que pone el valor agregado a cualquier imagen registrada. En este universo, la figura señera de Lola Álvarez Bravo, inevitablemente unida a la de Manuel Álvarez Bravo, es indiscutible en el panorama artístico postrevolucionario de nuestro país.
Las fotografías expuestas en el Macay, en la sala 11-Bis realizadas con técnica de plata sobre gelatina, presentan precisamente ese aspecto que es el testimonio social. Sin embargo, no se limitan a la información o documentación, sino que llevan al espectador a mirar desde los ojos de la artista y lograr así (y eso dicen que es una de las finalidades de las artes visuales) comunicar una idea a través de la imagen, en cada impresión de plata sobre gelatina. La monocromía, que siempre es elocuente porque la imaginación reconstruye la falta de color, contribuye a acentuar el interés en este derrotero de personajes de Lola Álvarez Bravo, quien retrató la vida cotidiana, las calles, los pueblos y personajes, sin afán melodramático ni de exaltación de lo rural. De entre toda la colección podemos destacar la serie fotográfica dedicada a Frida Kahlo, no sólo en el impresionante retrato de la pintora muerta sino también en otros que casi podemos llamar “antirretratos”: la cama de Frida sin Frida, el cuarto de Frida, Frida conversando. Asimismo, el retrato de carácter es plenamente desarrollado por la fotógrafa; algunos de los que están en la sala 11 son los de Carlos Mérida, David Alfaro Siqueiros, Luis Cardoza y Aragón, Juan Rulfo, María Izquierdo y Rosario Castellanos, para tener sólo una idea del círculo en el que se desenvolvió la mujer nacida como Dolores Concepción Martínez Anda, más conocida como Lola Álvarez Bravo.
TrayectoriaLola Álvarez Bravo (1907-1993) es considerada la primera fotógrafa profesional mexicana. Durante 50 años fotografió la vida cotidiana, documentó las ciudades, calles, personas, líderes, pintores y eventos culturales; igualmente realizó imágenes artísticas, experimentando con diversas técnicas y exponiendo su obra con éxito en Bellas Artes y en proyectos del MoMA de Nueva York, y otras galerías de corte internacional.
En 1925 se casa con Manuel Álvarez Bravo, de quien aprende la fotografía; el matrimonio se separa en 1934, pero ella conserva su apellido de casada. Inspirada por fotógrafos como Edward Weston y Tina Modotti, Lola emprende una brillante carrera independiente. Enseñó fotografía en la Academia de San Carlos y abrió su galería de arte, donde expuso artistas de su época como Frida Kahlo, quien tuvo ahí su última exposición.- María Teresa Mézquita Méndez

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