Picasso se da cita con genios en el Museo del Prado
Prolífico hasta lo inconmensurable, Pablo Picasso heredó obra suficiente para no dejar de sorprender al espectador más de 40 años después de su muerte.
Hay Picassos en museos casi por todo el mundo, aunque eso sí, al ser uno de los artistas también más falsificados, los hallazgos hacen arquear las cejas de los expertos, sobre todo cuando el cuadro en cuestión es “raro” o “desconocido”.
Ése, por supuesto, no es el caso de la pequeña pero intensa muestra de obra del malagueño que hoy sigue en exposición en el Museo del Prado de Madrid, donde permanecerá hasta el 14 de septiembre próximo y cuya curaduría ha seleccionado únicamente 10 piezas provenientes del Kunstmuseum Basel (Basilea, Suiza) y que son representativas de diferentes épocas del artista andaluz, cada una considerada una obra maestra.
Lo que podría antojarse inusual, pero que hoy ya es cada vez más frecuente, es el plan museográfico de la exhibición. La obra está colocada en la galería principal de la primera planta del edificio Villanueva, a la que se accede por la puerta alta de Goya, la zona “estrella” del museo. Allí, el pasillo recibe cinco paneles perpendiculares con los cuadros de Picasso colgados a ambos lados, salvo el último: sólo hay imagen de un lado.
Es así como esta vez (aunque no es la primera que realiza algo parecido) el Museo del Prado ha apostado al efecto del contraste y diálogo que en principio observa el espectador en su recorrido: las pinturas de Picasso, desde las tradicionales de su período rosa hasta las cubistas de la primera década del siglo XX o las poscubistas y los homenajes de los años 30 y 40, se encuentran flanqueadas por la obra de la colección permanente: Tizianos y Tintorettos renacentistas, cuadros de Guido Reni o Annibale Caracci, de tradición clasicista de principios del siglo XVII o incluso, en vecindad visual, los Velázquez y los Goyas, al alcance de la mirada en sus salas particulares.
Lejos de chocar a la vista o disputarse protagonismos, el aparente contraste inicial cede el paso a un diálogo enriquecedor: el ojo que mira comienza a encontrar en el tan moderno Picasso el peso de la tradición, la escuela clásica soterrada en sus trazos innovadores y la historia que irremediablemente alimentó sus jóvenes retinas de Málaga a Barcelona, de Madrid a París, y que luego se rehizo, a su manera, en la descomposición y recomposición geométrica de sus creaciones, estilo que nunca abandonó.
Además, como explica en el vídeo institucional Francisco Calvo Serraler, historiador de la Universidad Complutense y autor del texto principal del catálogo de la muestra, así Picasso “vuelve” al Prado, institución de la que fue director en tiempos de la Guerra Civil Española y misma que visitó cuando era muy joven y comenzaba a estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Tradición
Por otra parte, Picasso ya es considerado un clásico. Ya hay quien se refiere a él como un pintor de tradición o “antiguo”. Así que al ser elegidas 10 obras maestras para ser expuestas éstas resultan flanqueadas, como hemos dicho, por trabajos que también están consagrados, aunque mucho tiempo atrás. El discurso del museo es muy claro: un Maestro entre Maestros.
El recorrido por las 10 piezas, fechadas todas entre 1906 y 1967, comienza con los óleos “Los dos hermanos” y “Hombre, mujer y niño”, ambos de 1906 y representativos de su período rosa, con notable influencia clásica. Muy importante es “Panes y frutero con fruta sobre una mesa”, de 1909 (y apenas posterior al emblemático cuadro “Las señoritas de Avignón”), dada la evidente influencia de Cezànne y su aproximación al cubismo analítico, así como “El aficionado”, de 1912, muestra exacta del cubismo sintético, tan desarrollado por Picasso en esos años, junto con “Mujer con guitarra” (1911-1914).
El cuadro elegido como portada de la exposición es “Arlequín sentado” o “El pintor Jacinto Salvadó” (1923) que representa al neoclasicismo picassiano, período en el que el maestro malagueño regresa a una nueva experimentación con la forma y durante el cual también trabajó telones para ballet y permanecía casado con la bailarina rusa Olga Koklova. (Precisamente “Los dos hermanos” y “Arlequín sentado” fueron conservados en el museo de Basilea gracias al apoyo de los ciudadanos del cantón suizo, quienes recaudaron fondos para apoyar el esfuerzo institucional de preservar las obras en el recinto y no verse en la necesidad de venderlas. Esto sucedió en 1947 y Picasso, agradecido con la actitud de los suizos, donó cuatro obras adicionales, hoy en la muestra temporal del Prado).
El icónico “Guernica” (en el Museo Reina Sofía de Madrid desde 1992), representativa pieza del período expresionista del pintor, es en parte tan conocido en su proceso creativo gracias al trabajo fotográfico desarrollado durante su producción por la fotógrafa surrealista Dora Maar, con quien Picasso tuvo una relación amorosa. Ella es retratada en “Mujer con sombrero sentada en un sillón”, interesante descomposición formal que transparenta en la reconstitución de los fragmentos y los planos la belleza de la artista francesa de raíces croatas.
En su tiempo, el pintor realista francés Gustave Courbet causó uno de tantos escándalos con su obra “Muchachas a la orilla del Sena” (1856), por representar en realidad, según el público, a un par de cortesanas de moral dudosa. Picasso recupera el tema y en la época en la que realiza diversos homenajes, de Manet a Velázquez, recrea el emblemático cuadro de las jóvenes mujeres en un lienzo de gran contraste y particular dinamismo al que llama precisamente “Muchachas a la orilla del Sena, según Courbet”.
Finalmente, la exposición concluye con dos lienzos de un Picasso que parece más melancólico, ya cercano a los 90 años de edad: “Venus y Amor” y “La pareja”. Ambos portadores del mismo lenguaje lúdico que mantuvo el maestro hasta su muerte, incluso de su particular humor, aunque su paleta está dulcificada. Diez Picassos en los que se puede leer toda una vida y dialogar con la historia que abrigó la formación de esa vida. Sin duda una oportunidad excepcional de reconocer y reflexionar en torno a la configuración de un artista icónico de las vanguardias del siglo XX.— María Teresa Mézquita Méndez, para “El Macay en la cultura”
Más información de Picasso en el Prado: https://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/diez-picassos-del-kunstmuseum-de-basilea, http://elpais.com/elpais/2015/03/16/album/1426516759_167150.html#1426516759_167150_1426517041
Sobre Courbet en el Petite Palace: http://www.petitpalais.paris.fr/en/collections/27/young-ladies-banks-seine-summer
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Es "un clásico entre clásicos"

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