El regreso a lo figurativo lo tiene entusiasmado
El país de Ralf no es Alemania. Ni México. Ni África. Walter en realidad ha creado una nación propia, construida paso a paso con pies de viajero, pensamiento libre, mirada sin tiempo. El territorio provisional puede ser Mali, Nueva York o Chicxulub, pero el camino definitivo y perenne lo lleva consigo, y el terreno también.
En los últimos años, el trabajo más visto de Ralf Walter en nuestro medio ha sido generalmente abstracto o semi abstracto, preferentemente acrílicos, con pequeñas inserciones de elementos cuya figuración es interpretable desde múltiples ópticas, una de ellas el paisaje urbano y sus contrastes.
Y generalmente los bocetos de estos lienzos son pequeñas acuarelas que si bien luego se recrearán en un lienzo de grandes dimensiones, tienen su propia vida en esa realización delicada y a la vez más gestual y espontánea.
Sin embargo, este viaje a Timbuctú (el lugar donde vive Buktu o el lugar de Buctú, según una de tantas versiones del origen del nombre de la ciudad africana) cuyas imágenes trajo al Macay es también aparentemente un viaje en el tiempo. Por lo menos eso se sugiere en un texto realizado por el periodista Ulrich Mercker, autor de la introducción al libro editado en Alemania con la colección visual de Walter y sus escritos con memorias de viaje. Mercker recuerda haber conocido a Walter en 1979 y visto en esos años su acuarelas “pintadas con euforia” sobre México, y a las que inundaba de paisajes indígenas, el mar, la vegetación costera, el cielo y mucho más. La experiencia, continúa, lo dejó contagiado por el entusiasmo”.Esa imagen del entusiasmo por el color es tal vez la primera que se despega de sus superficies para transgredir la retina del espectador en la abundante colección de imágenes formada -casi nada- por 100 acuarelas y una veintena de acrílicos, resultado del ulterior recorrido de Walter por ese Mali que para muchos de nosotros es únicamente imaginado y que para él ha sido una traducción imaginativa del entorno vital y rítmico, y que nada tiene que ver con la tradición o el costumbrismo; es decir, no hay anécdota sino humanidad.Por ello la retina responde, entusiasmada también, al movimiento, a la transparencia, a la alternancia del personaje con el entorno, con un paisaje que se deshace en el agua del pincel y se rehace en informal abrigo de color para la figura danzante.El Timbuctú de Walter no se parece en absoluto al mesurado y comedido trazo de su compatriota Heinrich Barth, viajero y lingüista alemán del siglo XIX cuyo trabajo de una “Caravana rumbo a Timbuctú” en 1853 se infiltra de academia y romanticismo, sumado al afán científico de los decimonónicos.
¿Por qué Timbuctú? Él mismo lo responde en sus diarios: “Desde la gran exposición en el mes de marzo y un pequeño viaje a Alemania en mayo no ha salido nada nuevo en mi pintura; trabajo en mis viejos lienzos, sobrepinto algo en tonos más claros, pero no me siento en mi ‘core’, en mi centro. Después de 20 años de trabajo abstracto, la idea de hacer otra vez un verdadero viaje de dibujos figurativos me ha dejado ya una fuerte carga de adrenalina en las venas”.
En efecto, ese verdadero viaje y esos dibujos, arrojan a la colección un trabajo de informalismo donde la figuración se hace incorpórea y dinámica, el trazo abocetado cobra protagonismo y el garabato en “zigzag” nunca fue más preciso. El color, por supuesto, sigue un elemento rector en el acervo de recursos que podemos llamar “ralfwalterianos”.
Así es como Walter, en busca de ese “centro” parece haber extraído la vida musical, el sonido de los animales y la naturaleza, el brillo del sol sobre la piel y los collares de las africanas, el zacate, los mercados, la coloración líquida del aire sobre las personas y las cosas y otras muchas vibraciones atmosféricas de ese Timbuctú, de ese Mali que ahora reencontró y registró puntualmente en su bitácora de viajero contemporáneo. Si como él queremos cruzar las arenas a pie podemos comenzar el viaje en el expoforo, en el Macay. La obra de Ralf Walter puede visitarse en el Expoforo, en el Macay.-
María Teresa Mézquita Méndez

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