Lee Miller, una vida para ser recordada

Lee Miller, una vida para ser recordada

Lee Miller fue una mujer con una vida personal y artística que merece un estudio y reconocimiento más profundo, tanto por sus aportaciones a la fotografía (con un archivo impresionante en distintos géneros) como por su gran valor como ser humano (fundamental para la liberación femenina).

Elizabeth Miller nace en Poughkeepsie (Nueva York, 23 de abril 1907). Pese a provenir de una familia adinerada, su infancia es muy difícil; a los 7 años sufre abuso sexual. Una versión acusa a un amigo de la familia, sin embargo, otra apunta a su propio padre Theodore, un apasionado de la fotografía, quien retrata a Lee miles de veces, casi siempre desnuda. Mientras que su madre Frances la sometía a regulares duchas vaginales con dicloruro de mercurio.

A los 18 años Lee se traslada a París y se inscribe en la escuela de teatro École Medgyes. Su padre deja de patrocinarle los estudios para obligarla a regresar, pero Lee está decidida a seguir su propio camino. Instalada ahora en Manhattan, el destino juega a su favor y conoce al Conde Nast, editor de la revista “Vogue”, quien la salva de ser atropellada por un taxi. Su belleza lo cautiva y la inicia como modelo, posteriormente se convierte en redactora e investigadora de moda.

Como modelo posa para los mejores fotógrafos de la época. En 1929 aparece en una revista en el primer anuncio de toallas femeninas desatando tal escándalo que decide regresar a París, donde retoma su carrera como modelo e inicia una importante pero a la vez tortuosa relación con el destacado fotógrafo Man Ray. Juntos hacen fotografía, desarrollan proyectos y experimentan con la solarización, técnica que invierte los márgenes de luz y sombra de la fotografía. Pese a que el descubrimiento es conjunto, Man Ray es quien se lleva la fama.

En esos años Lee era considerada como una de las más destacadas fotógrafas surrealistas. Su estilo es único, ya que su trabajo es ingenioso y humorístico, los ángulos y el encuadre son especialmente desarrollados; esto es una diferencia importante, ya que normalmente la fotografía surrealista estaba ligada al collage o al fotomontaje. Su talento la relaciona con Duchamp, Magritte, Picasso y Jean Cocteau (con este último colabora en la película “La sangre de un poeta”, 1930).

Cuando Lee deja a Man Ray, éste la acosa a tal punto que ella decide irse a Alejandría, donde contrae nupcias con el millonario Aziz Eloui Bey. En este período de paz realiza fotografías exquisitas como “Portrait of Space” (1937).

Siete años más tarde se casa con el pintor y crítico de arte inglés Roland Penrose, con quien realiza las biografías y las fotografías más icónicas de Picasso, Miró, Man Ray y Tápies.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Lee se acredita como corresponsal de guerra para Vogue. Destaca por su temple temerario y es la primera mujer que inmortaliza el conflicto armado, siendo pionera del fotoperiodismo.

Como corresponsal documenta el Día D, el asedio a St. Malo, la batalla de Torgau, la liberación de París y de los campos de exterminio de Buchenwald y Dachau, así, como de la cruel posguerra en Austria, Hungría y Rumania. De este período es su famosa fotografía sobre la ejecución de László Bardossy.

Los años de la guerra trasforman a Lee y comienza un proceso lento pero decidido de abandonar la fotografía (1950), esconde su trabajo y todos sus archivos. En 1977 fallece a consecuencia del cáncer. Su único hijo, Anthony Penrose, descubre más de 500 imágenes y 60,000 negativos, cartas, mapas y manuscritos.

En el centenario de su nacimiento, el Victoria & Albert Museum (Londres) montó la primera exposición retrospectiva de Lee; la Fundación Picasso exhibió Lee Miller y Picasso: evocación y recuerdo. A partir de estos homenajes su trabajo comenzó a conquistar el lugar que en la Historia le corresponde. En México, el Museo de Arte Moderno presentó Lee Miller. Fotógrafa surrealista del 12 de septiembre de 2015 al 21 de febrero pasado.

Aún falta mucho para reivindicar el nombre de Lee Miller, como su talento en la gastronomía. Cuando abandonó la fotografía rescató recetas y entrevistó a chefs de Europa y desarrolló una cocina surrealista. La editorial noruega Ediciones Grapefruit es la encargada de publicar un libro con sus recetas.

Fuentes: Diario de Yucatán