El centenario de la Escuela de Bellas Artes en Yucatán

El centenario de la Escuela de Bellas Artes en Yucatán

La antigua Escuela de Bellas Artes —hoy Centro Estatal de Bellas Artes— cumple 100 años, oportuno aniversario para las actividades de conmemoración y relectura de su historia que actualmente se realizan y entre las cuales continúa en el Museo Fernando García Ponce la exposición de obra y documentos “El Ateneo Peninsular y la Escuela de Bellas Artes de Mérida”.

El discurso museográfico dedicó la primera parte de la exposición (salas 8 y 9) a la relación histórica entre el Ateneo Peninsular y la Escuela de Bellas Artes, de la que hicimos algunos comentarios hace dos semanas en este mismo espacio.

La segunda parte, instalada en las salas 9 y 10, y a la que nos referimos hoy, aproxima al espectador a los antiguos alumnos y maestros de artes visuales, cuyo trabajo ha sido fruto de la entonces todavía naciente institución y a sus trayectorias individuales tempranas.

Pintores, escultores y artistas gráficos se formaron en aquellas primeras décadas del siglo XX y sus respectivos caminos profesionales siguieron vertientes muy distintas. En algunos casos con un discurso de mayor orientación social, otros más alejados de lo testimonial y de tendencia más esteticista. Los hubo quienes partieron a continuar su formación artística en la ciudad de México o en el extranjero. Y posteriormente, la obra de algunos permaneció en Yucatán, mientras otras se realizaron y quedaron en el país y algunos más incluso recibieron encargos para sitios más allá de las fronteras mexicanas. De todo ello da cuenta la exposición, que cuenta en su acervo, por ejemplo, con obra muy temprana de Ermilo Torre Gamboa: desde apuntes a lápiz y tinta de escenas diversas con la figura humana como protagonista, marinas en acrílico de fines de los años 30 y acuarelas de tema maya, hasta un retrato al óleo de 1951 de Antonio Mediz Bolio, importante personaje en las transformaciones y actividades culturales en el contexto de los acontecimientos históricos de 1916 en adelante. Otros autores cuya obra es convocada en esta muestra son Aristeo Vázquez, de quien se presentan pintura con temas de la naturaleza, así como grabados con escenas y objetos cotidianos. Hay igualmente el trabajo gráfico de Alberto García Maldonado, obra de Carlos T. de la Cámara, un autorretrato de García Franchi, así como un retrato de su esposa frente a su máquina de coser.

Se puede ver también un proyecto de mural de Fernando Castro Pacheco, quien después de estudiar en Bellas Artes continuó en Ciudad de México y llegó a ser no sólo profesor sino también director de la Escuela Nacional de Pintura “La Esmeralda” e hizo larga carrera artística fuera de Yucatán.

Además, hay obras testimoniales de autores como Raúl Gamboa Cantón, Emilio Vera Granados —de quien se expone su autorretrato y ha de ser hoy día uno de los artistas vivos con más prolongada trayectoria, al igual que Torre Gamboa—, también hay trabajos en tinta china obra de Raúl Maldonado Cetina, importante impulsor de la cerámica en Yucatán.

Una hoja de sala explica la intervención de tres artistas relacionados con la escuela de Bellas Artes en la factura del Pabellón Mexicano de la Exposición Internacional de Sevilla de 1929, en las inmediaciones del parque María Luisa. Los tres autores son Manuel Amábilis, Leopoldo Tomassi y Víctor M. Reyes.

Entre los autores se puede destacar también la presencia femenina en la pintora y escultora Aída Farah; además de exponerse retratos en los que ella es la modelo, destacan los que ella realizó, en pastel y de bulto, en yeso, de don Julián Farah, en los alrededores de 1920. Aída por cierto, firmaba en español y también con caracteres árabes.

Llama la atención —presente en la muestra en una reproducción fotográfica— el temprano artículo del doctor Eduardo Urzaiz titulado “La aurora del arte en Yucatán”, publicado en julio de 1917 en la revista “Adelante, semanario ilustrado”. En él, el autor hace relación de una reciente exposición de trabajos en la Escuela de Bellas artes: “Qué diferencia —escribió el doctor Urzaiz— entre los cuadros que hoy se exhiben y los que estábamos acostumbrados a admirar y celebrar en nuestros aficionados, pacientes reproductores de postales […] la escuela de Bellas Artes es una almáciga de fundadas esperanzas”.Las circunstancias —y las opiniones— cambiaron décadas después, hacia períodos con mucho menor empuje y desarrollo. Hoy día, sin embargo, las circunstancias parecen cambiar y aunque miremos aún con reserva sí parece haber un nuevo repunte de iniciativas culturales —sobre todo independientes y del ámbito privado— tanto en medios relacionados con las artes visuales, como en otros entornos de creación artística, momento oportuno por supuesto para la emergente realización de proyectos de rescate y revisión histórica, como el presente.- María Teresa Mézquita.

Fuentes: Diario de Yucatán