Ausencia llena de presencia: Francisco Martín expone parte de su vida personal.

Ausencia llena de presencia: Francisco Martín expone parte de su vida personal.

La muerte está en todos lados. Cual principio de incertidumbre. Sabemos que deambula alrededor, sentimos su presencia, vemos sus efectos, experimentamos sus trayectos, pero no sabemos nunca bien exactamente dónde está. Y donde hay muerte hay vida o hubo o volverá a haber. ¿Qué diferencia hay entre evitar la muerte a toda costa y disfrutar la vida a toda costa? ¿Qué diferencia existe entre pasear por la vieja casa donde todo te habla del que ya no está o vivir en un panteón?

Ayer murió mi tía o fue hoy. Tenía más de medio año sin tener algún tipo de contacto directo con ella. Cuando pequeño, fue siempre una persona muy cercana a mi familia nuclear: compartíamos espacios comunes y su cocina era deliciosa. Fue ella quien, bajo las circunstancias de su vida, habitó como nadie la casa materna: ese enorme espacio donde antes vivieron muchos y ahora sólo quedaba ella. Cada visita a esa casa estaba ligada irremediablemente a ella. Y ahora, cuando vuelva a visitar aquella casa, ella ya no estará ahí o quizá sí.

“Psicografías: retrato del padre” es el esfuerzo de Francisco Martín por recuperar a su padre en los espacios en donde antes estaba y ya no está. Y es también un ejercicio de reconocimiento personal continuo.

La exposición cuenta con quince fotografías en formato digital que, a primera instancia, proyectan rocas y material que se presume del suelo o de alguna construcción inespecífica. La observación superflua nos limitaría a decir que estamos frente a una seguidilla de fotografías de un montón de piedras en close up. La observación concienzuda nos obligaría a decir que estamos ante un montón de lienzos-piedra, cuya naturaleza corresponde más a lo nebuloso que a lo terrestre-sólido.

Martín utiliza la claridad del acercamiento extremo en cada una de las piedras para transportar la idea de la nube, la idea de la forma que consigue aparecerse en cualquier ladocuando uno quiere que aparezca. Cuando niño, una de las actividades que más disfrutaba cuando quedaba al cuidado de mi tía era ayudarle con la cocina. A veces ello implicaba ir al mercado sobre ruedas y a veces sólo implicaba permanecer sentado cercano a ella por si se le ofrecía una cebolla o un ajo más. El placer de la cocción de la comida mientras me quedaba mirando fijamente la pared aún me hace suspirar. Y en la pared miraba un montón de líneas y manchas y desperfectos que a primera instancia carecían de sentido y que, tras la mirada continua, se convertían en un rostro conocido, en el juguete deseado, en la caricatura de moda, en una cebolla o en un frijol. Después comíamos y todo era gloria. Las piedras de Martín son el padre de Martín. Son la ausencia, son el anhelo, el duelo, el reconocimiento del que queda con vida contemplando al que quedó sin vida pero impregnó todo lo que tocó a su paso mientras aún tenía vida.

Las piedras en las fotografías de Francisco Martín son fanerones: paredes en blanco, tabulas rasas pero manchadas, lienzos con líneas casi invisibles que pueden convertirse en cualquier cosa si se les mira detenida y contemplativamente. La iluminación natural en cada una de las piezas produce la sensación de que cada piedra-nube posee un filtro diferente, y por tanto, un tiempo y ritmo diferentes. La realidad es que no dejan de ser fanerones: lienzos arquetípicos en donde puede encerrarse el sentido universal, el pensamiento de un solo hombre (que es, también, todos los hombres) con un peso significante en el viaje habitual por encontrar al padre que, ausente, no regresará de la misma forma nunca. O sí.

Francisco Martín nació en Yucatán. Desde hace más de 16 años se ha desempeñado como fotógrafo corresponsal y freelancer de reconocidas agencias de noticias nacionales e internacionales. Su trayectoria artística ha generado exhibiciones en México y el extranjero (Francia, Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, España y Portugal).

Fuentes: Diario de Yucatán