Cobra una nueva forma múltiple. El arte de Beatriz Castillo toma el edificio marista.

Cobra una nueva forma múltiple. El arte de Beatriz Castillo toma el edificio marista.

El más inmediato precedente estuvo en el Macay, en octubre de 2011.

La muestra se llamó “Detrás de la mirada” y consistió igualmente en una colección abundante de múltiples técnicas, trabajo experimental e indagación en materiales orgánicos y sintéticos.

Casi cinco años después de aquella exposición, ahora el “Permiso concedido” de la artista visual Beatriz Castillo cobra una nueva forma múltiple, que invita al espectador a descubrir la obra escultórica y bidimensional reunida en las áreas comunes, jardines y biblioteca de la Universidad Marista.

Del quehacer y de la búsqueda estética que le conocemos a la autora perviven manifestaciones y recursos que alimentan su trabajo abstracto: en la pintura, la apropiación del discurso orgánico, las reminiscencias de las vanguardias novecentistas al grado del homenaje —una pintura se llama “Recordando a Tápies”—, el empleo tanto de materiales convencionales como el óleo y el acrílico como la experimentación en ejercicios mixtos, y la práctica de técnicas como los drippings y esgrafiados, las grandes zonas cubiertas y recubiertas con goteos, trazos, pinceladas, manchas, espirales y tachones, todo esto en materiales como tela, loneta, papel amate, papel y lino.

En la escultura, a su vez, recupera y reinventa en diversidad de formatos y tamaños, para su propio ecosistema íntimo, estructuras orgánicas de nuevo cuño materializadas en madera, barro y vaciados en metal. Ella las bautiza con títulos como “Raíz”, “Voluta”, “Envoltura”, “Tendida” o “Puente” pero los ojos que miran seguramente descubrirán más en la flexibilidad de las formas y su discurso bucólico.

Finalmente, en la serie de grabados la cualidad orgánica a la que ya se ha aludido parece indagar en imaginados metabolismos, en órganos en funcionamiento, en células vivas, cromosomas y genomas, en suma, en el buril convertido en microscopio en el encuentro con este organismo vertebrado y efímero que es el cuerpo humano y su gran fragilidad y misterio.

La Universidad Marista

Por otra parte, no sorprende la elección de la sede. Al contrario, es un entorno familiar y entrañable para la expositora, a quien la unen con él vínculos familiares y emotivos y donde expuso la primera vez.

Además, esta universidad privada celebra actualmente su segunda década de vida y ha querido hacerlo, entre otras actividades, con la presentación de esta muestra multidisciplinaria.

Los museógrafos y curadores que prefieren trabajar con los espacios en los que se ejerce plenamente el control de todo lo que suceda tendrían quizá alguna reticencia con respecto a una exposición como la de Beatriz: su obra está en los pasillos y en pallets que forman torres, a manera de pedestal en el patio adjunto a la cafetería; uno de sus proyectos escultóricos obliga a levantar la mirada para identificar “qué es eso que cuelga de la segunda planta”, qué sale al paso en el descanso de la escalera, que parece inspeccionar al lector junto al auditorio, en el distribuidor de las aulas.. o qué se enmarca, silente y cauta, en los privados de estudio en la biblioteca.

Que una exposición llegue al lugar de trabajo o estudio cotidiano de un estudiante o profesor de carreras tan disímiles, como Medicina o Derecho, es tema que ya ha sido materia de otras discusiones sobre espacios públicos y privados, apropiaciones y estrategias para acercar a unos con otros. En este caso lo más probable es que tanto el visitante como el “de casa” queden satisfechos. Si el lector conoció la obra de Beatriz Castillo en el Macay y desea dar seguimiento al trabajo de esta artista visual el recorrido por la Universidad Marista es el paso siguiente. Más información sobre la autora y sus propuestas en la página www.beatrizc.com.— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

Fuentes: Diario de Yucatán