Tres museos con el mismo interés: La Ruptura une a Mérida, Zacatecas y la metrópoli

Tres museos con el mismo interés: La Ruptura une a Mérida, Zacatecas y la metrópoli

Anualmente, el 18 de mayo es celebrado como Día Internacional de los Museos, una iniciativa surgida en 1977 bajo el auspicio del Consejo Internacional de Museos (ICOM). La efeméride busca “concienciar al público en general sobre el papel de los museos en el desarrollo de la sociedad”; para ello se realizan diversas actividades culturales y académicas en recintos museísticos de todas las latitudes de nuestro planeta. El ICOM define al museo como “una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” Conforme a esta definición –además de sus tareas sustantivas de resguardar, catalogar y exhibir bienes patrimoniales– los museos son concebidos como espacios dinámicos y propicios para la generación del conocimiento. De manera particular en este año, con el tema “Museos e historias controvertidas: decir lo indecible en los museos”, se pretende resaltar el papel de los museos como “centros de pacificación de las relaciones entre los pueblos”.

México cuenta con una larga tradición en materia de museos cuyos orígenes pueden ubicarse, desde el siglo XVII, en las colecciones particulares o “gabinetes” de anticuarios y naturalistas de la época. En la actualidad, el país cuenta con un número estimado de 1,120 museos especializados en las más diversas áreas del arte, la cultura y las ciencias.

En el rubro específico de los museos mexicanos de arte, sobresalen aquellos dedicados a exhibir y estudiar de manera permanente la obra de un artista en particular; tal es el caso de los recintos enfocados en difundir el trabajo y la trayectoria de los artistas mexicanos pertenecientes a la que, en su momento, Jorge Alberto Manrique esbozó como “nueva pintura mexicana” y que posteriormente fue denominada como Generación de la Ruptura: un conjunto de creadores disímiles y con tendencias artísticas heterogéneas que renovó el panorama plástico en México hacia mediados del siglo XX. Los tres “museos de Ruptura” que llevan el nombre de alguno de los protagonistas de aquella generación son:

El Museo José Luis Cuevas inaugurado el 8 de julio de 1992 en el antiguo edificio que albergó al Convento de Santa Inés del Centro Histórico de la Ciudad de México y cuenta con un acervo de casi dos mil obras de artistas de diversas nacionalidades incluyendo, desde luego, obras del propio Cuevas.

El Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, ubicado en la antigua sede el Seminario de la Purísima de la ciudad de Zacatecas, rinde homenaje a otro de los más prolíficos artistas de la Generación de la Ruptura y fue inaugurado el 4 de septiembre de 1998. Este espacio museístico está dedicado exclusivamente a los exponentes del abstraccionismo y fue el primero en su tipo en Latinoamérica; su acervo incluye aproximadamente 800 obras de más de 200 artistas mexicanos y extranjeros, entre ellos, Lilia Carrillo, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, Arnaldo Coen, Francisco Corzas y Roger von Gunten.

Finalmente, en pleno corazón de nuestra ciudad, se ubica el Museo Fernando García Ponce; tiene como sede un edificio con más de cuatro siglos de historia ya que comenzó a construirse en las últimas décadas del siglo XVI como palacio de los obispos de Yucatán. Su aspecto actual, de estilo ecléctico o “afrancesado”, corresponde a su uso como sede del Ateneo Peninsular en el año de 1916. El entonces Macay fue inaugurado el 29 de abril de 1994; en sus salas permanentes se exhibe la obra de los destacados pintores yucatecos de la Ruptura Fernando García Ponce y Gabriel Ramírez Aznar; además, en las salas temporales se han dado cita importantes exponentes del arte contemporáneo de México y de otros países.

Los tres museos que hemos referido comparten, además de su vocación por las expresiones plásticas contemporáneas, la circunstancia de ubicarse en edificios históricos de antiguo uso eclesiástico que fueron secularizados como producto de momentos políticos y sociales difíciles, controversiales e incluso dolorosos,pero cruciales, de la historia de México: la Reforma y la Revolución. Con el correr de los años, los tres edificios experimentaron decadencia en su arquitectura y su función, convirtiéndose en una especie de “heridas” históricas de sus respectivas ciudades: el ex convento capitalino fue una vecindad, el viejo seminario zacatecano una prisión y el antiguo palacio meridano un conglomerado de oficinas y comercios. Afortunadamente, su función actual como museos de arte ha significado un renacer para estos recintos, testigos de los avatares de la nación, transformándose en espacios abiertos a la sociedad como centros de convivencia pacífica y de reconciliación con nuestro pasado.— Ángel Gutiérrez Romero para El Macay en la Cultura

Fuentes: Diario de Yucatán