Confrontación 66: Medio siglo - La modernidad tardía llegó con fuerza en México

Confrontación 66: Medio siglo - La modernidad tardía llegó con fuerza en México

El arte es un mecanismo de avance cultural. Un medio, una expresión y un fin; todo junto. Es probablemente la actividad humana más compleja y, en consecuencia, la más volátil. Piensen en esto: el pintor joven que experimenta un deseo incontenible de expresarse en el lienzo está librando mil batallas mientras ocurre su proceso de creación: la estructura, los matices, el horizonte, el contraste, la duda moralista, el anhelo de reconocimiento social, la siempre riesgosa contradicción; la técnica, la maldita e inasequible técnica. Y cuando al fin logra, más o menos, producir algo con toda esa vorágine de elementos en juego, debe librar la batalla más difícil: contra corriente, a veces en forma de Escuela, a veces en forma de figuras rimbombantes, a veces en forma de centinelas con rostros desconocidos poseedores del juicio contextual (pero absoluto) de qué es lo que vale la pena y lo que no.

Los cambios en las corrientes artísticas y su validación son también consecuencia del contexto socio-cultural. No es casualidad que tras la Revolución Mexicana las figuras de los grandes muralistas mexicanos dominaran hegemónicamente las temáticas y los estilos de la plástica reconocida en el país. La llamada Escuela Mexicana de Pintura, cuyo discurso nacionalista y post-revolucionario se hacía justo y necesario para un país que tras ser movido desde sus cimientos proclamaba una identidad fulgurante. Y eso funcionó de maravilla durante algunas décadas, para los fines primarios. Como toda escuela y corriente artística, funcionaría hasta que se acumularan las suficientes voces en el ámbito para, de nuevo (oh, la ironía) se levantara una revolución.

Con el surgir del Movimiento de la Ruptura también fue gestándose un ejercicio inaudito en el país por el reconocimiento y socialización de otras corrientes; corrientes y estilos que no congeniaban, por supuesto, con los preceptos de la Escuela Mexicana de Pintura, que proclamaba “no hay más rutas que la nuestra”. Y por supuesto que las había, y se habían estado generando desde hacía más de 50 años en otras latitudes y ahora pugnaban por un cobijo tardío pero necesario.

Cuando José Luis Cuevas hace referencia a la cortina de nopal en su famoso ensayo de los 50’s, intenta describir el atraso artístico y cultural derivado de las políticas nacionalistas que dotaban de poder y preferencia al muralismo revolucionario, colorido y folclórico, deteniendo cada vez más la incursión de las corrientes artísticas imperantes en los jóvenes artistas mexicanos que se negaban, rotundamente, a seguir con un ejercicio ya institucionalizado.

La falta de apoyo de las instituciones oficiales tuvo como afortunada (e históricamente obvia) consecuencia, el surgimiento de cada vez más galerías independientes y espacios de autogestión en donde la generación de la ruptura sencillamente se fue haciendo más fuerte.

Confrontación 66, inaugurada en 1966 en el Palacio de Bellas Artes, representa el golpe formal más importante para el arte moderno en México.

Hacía apenas un año desde la inauguración del Museo de Arte Moderno y el enfrentamiento entre figurativos y abstractos: el país y sus instituciones habían tardado cinco décadas en darle cabida a las corrientes de vanguardia; por supuesto que los artistas defensores de tal o cual corriente iban a pugnar por reconocimiento.

Fue parte de esa inconformidad empírica —con años de inconformidad formal, por supuesto— lo que dio pie a la exposición en el 66: bajo la premisa de poder otorgar parte reconocimiento y validación a las corrientes ignoradas hasta ese momento.

Confrontación 66 hace oficial el fin de una era en el ámbito artístico mexicano que, ya impregnado de nopalismo inútil, impetraba por una aduana mucho más abierta; una en donde, más que buscar la validación de una sola corriente nueva e imperante, todo artista pudiera ser gestor de sus propias nuevas rutas.

La modernidad tardó 50 años en explotar artísticamente en el país. Tardía, sí, pero fortísima. Celebremos.

Confrontación 66. Cincuenta años 1966-2016 forma parte de las exposiciones de la temporada mayo-junio del Museo Fernando García Ponce – Macay.— Ricardo Javier Martínez Sánchez para El Macay en la Cultura

Fuentes: Diario de Yucatán